Gissela Chalá: Quito debe entenderse desde su diversidad

GISSELA CHALA REINOSO
Martes 23 de Abril de 2019

Gissela Chalá, concejala rural, es la primera mujer afro en asumir un curul en el Consejo Metropolitano de Quito y, como parte de una lucha colectiva, sostiene una inmensa responsabilidad al mostrar la voz de un pueblo excluido de los discursos y prácticas que dan forma a la ciudad.  

Durante esta elección, fuimos testigos de que las palabras sucumben ante los hechos. Con un voto masivo, producto de una campaña radicalmente distinta a las tradicionales, con muy poco dinero pero mucha convicción, Gissela logró entrar al Municipio, reflejando, junto con el heterogéneo grupo de servidores públicos electos en marzo, que esta ciudad no es la misma del pasado.

Esta realidad popular, distinta a la que la oligarquía ha construido, evidencia que Quito ya no es la hacienda dominada por el patrón y sus amigos, sino una metrópoli compleja, que a pesar del ritmo colonial que persiste en la mentalidad de sus élites, se subleva construyendo alternativas, y como tal, necesita de una nueva generación de políticos, criados en el seno del pueblo, que respondan a la gente y sus necesidades, y no a los tradicionales proyectos políticos-económicos particulares.

Gissela representa una lucha de siglos que no termina en un puesto público, porque no solo es parte de un gran relato histórico de la diáspora africana en América y su disputa por una existencia que valore su extenso aporte cultural, político y humano en este continente que es suyo, sino que también refleja una tradición de formación popular y nacional, de reivindicaciones que van asumiendo espacios concretos, antes negados en una ciudad con actitudes y herencias racistas.

 

¿Eres quiteña, tu mamá y papá de dónde son?

Mi mama es de Esmeraldas, mi papa ya nació acá, su familia es del Valle del Chota, del Juncal, yo soy quiteña, nacida en esta ciudad.

Al nacer en esta aquí, en una urbe sectorizada, racista y clasista como el Distrito Metropolitano de Quito (DMQ), ¿cómo entendías desde tu niñez a la ciudad?

Al inicio de mi vida no fue el racismo el problema central, porque más allá del estructural, que es más solapado, el problema fue el machismo que ha sido normalizado en nuestros hogares. Mi niñez fue entre el Juncal y Quito, ya cuando fui a la escuela la cuestión cambió y sentí el racismo cotidiano, los primeros meses ya no era la Gissela, sino la Chalá, y lloraba un montón, entendiendo poco a poco, cómo luchar contra algo que para mí era nuevo; una actitud de rechazo que desacredita por ser diferente.

¿Estas experiencias de joven cómo afectaron tu práctica política y los roles que has asumido?

Primero me vinculé a la política desde el tema de género, porque el machismo ha sido siempre más fuerte, me ha marcado más, desde mi propia casa, ante esto siempre me rebelé, entendiendo que había, con otras experiencias y formas, mñas gente rebelándose contra esta realidad. Entonces, había que juntarnos. A partir de los 16 años, a mediados de la década de los noventa, estábamos en un momento de crecimiento de la organización afro-ecuatoriana, sentimos la necesidad de organizarnos y ejecutar algunas cosas, especialmente a partir de una ola de asesinatos de mujeres afro en el norte de Quito, lo que nos hizo entender que se debe trabajar y organizar para tener esta voz de las mujeres afro.

¿Cómo fue tu tránsito desde la organización social hacia lo electoral?

Mi primer trabajo en la política institucional fue en la Corporación de Desarrollo Afroecuatoriano (CODAE), en ese momento vi la política de Lucio Gutiérrez y salí asqueada, al punto que me vinculé a las protestas en contra de él. Después de su fuga, continué aportando en la CODAE con contratos ocasionales, luego pude trabajar en la Gestión Presidencial en el gobierno de Alfredo Palacios. Ya en este espacio, conocí el proyecto de Alianza País y me afilié, siendo parte de su base, lo que me permitió asumir espacios de representación. En el 2008, fuimos parte del proceso de la Constituyente y desde allí asumí un rol dirigencia y de liderazgo en Quito para la construcción de las propuestas alrededor de los temas étnicos y de género. Después del reconocimiento de nuestros derechos colectivos, nos articulamos a la campaña por el referéndum aprobatorio, lo que nos vinculó en el tema partidista.

¿La política institucional te alejó de la organización social y la militancia?

No, nunca he dejado de militar desde mi espacio, generando procesos de independencia económica para luchar contra el machismo, así como en temas culturales. Por eso me vinculé al trabajo de base en la parroquia de Calderón como coordinadora de la red afro-ecuatoriana, desde la resistencia y lo simbólico trabajando sobre una agenda concreta, siempre entendiendo que el pueblo afro es cultura, no folklore, y tratando de insertar nuestras reinvindicaciones en la política pública de la ciudad.  

En esta construcción de una mujer afro parte de las organizaciones como Concejala. ¿Cómo se da el salto para ser principal?

A partir de la coherencia con el proceso al que represento. Yo inicié mi práctica política entendiendo la importancia de lo colectivo, del trabajo en equipo, mi vinculación como alterna fue siempre desde las posturas orgánicas del bloque, generando una práctica en base a la autocrítica, lo que visibilizó el compromiso popular. De esta manera, en este espacio que ahora me ves, no está Gisella sino las aspiraciones de un pueblo, las que después del resultado de estas elecciones, nos demuestran que comprenden el nivel de esfuerzo y compromiso porque no sirve solo mantener una organización, sino llegar a los puestos de decisiones.

Ahora, cumplido el objetivo, ¿qué dicen las organizaciones?

Ellas me delegan una responsabilidad muy grande que me llena de emoción, pero también reivindica la dimensión del compromiso, porque ahora me dicen que ya tienen su propia voz, que nadie nos va a dar peleando. De esta manera, la gente se identifica con la lucha. Entonces, nuestro deber es abrir la puerta para que lleguen más compañeras y compañeros representantes de las aspiraciones populares, para que nuestra voz tenga la presencia real que tenemos en la ciudad.

¿Cómo te sientes al ser la primera mujer afroecuatoriana en el Consejo Metropolitano de Quito?

A veces me lleno de susto porque no es fácil, pero debemos entender que esto es nuestro y debemos estar juntas para asumir los retos que tenemos en medio de un racismo institucionalizado, estructural, así como la discriminación por género y clase. Hay una lucha de clases que debemos entender cómo llevarla, es como esa frase que dice “yo no soy racista porque me llevo con afros”. Pero cuando queremos llegar a esos espacios, se acuerdan que una es negra y pobre. Pero a eso no le tenemos miedo, nuestra sangre cimarrona nos ha enseñado a pasar las pruebas. Por eso, no solo soy yo la que refleja una realidad distinta en esta ciudad, sino la composición de este Concejo, el que por primera vez representa como es en realidad la sociedad quiteña.

¿Tu victoria refleja un Quito distinto del que han construido las élites?

Yo creo que para ellos fue una sorpresa enorme que quienes estamos dentro del Concejo seamos lo más representativo que tiene la ciudad, reflejando la multiculturalidad de la capital desde el alcalde hasta los concejales. Respecto a las élites políticas y económicas, no tengo claro si leyeron la recomposición del tejido social de Quito, o solo están viendo estrategias para invisibilizar las luchas. Por eso seguiremos trabajando, para cumplir con nuestro rol histórico y reconocernos como realmente somos.

 

Categoria