Violento es el sistema

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Lunes 4 de Abril de 2022

Desde el discurso hegemónico del Estado, la violencia proviene siempre del pueblo, sea por estar sumido en la pobreza o por estar organizado. Este discurso de odio se evidencia en la criminalización de la pobreza y la protesta social, el punitivismo que condena a los horrores de la cárcel a los hijos e hijas del pueblo, lxs más pobres, lxs más oscurxs, lxs más desobedientes, a “lxs nadies: lxs hijxs de nadie, lxs dueñxs de nada” como decía Galeano.

Sí, la violencia se expresa de muchas formas, predominantemente -a pesar del discurso oficial-, la violencia se expresa de forma estructural, y esta violencia es monopolio exclusivo del Estado burgués. Para sostener la sociedad de clases, la burguesía ejerce violencia necesaria para sostenerse en el poder. La violencia estructural tiene como principio elemental la destrucción de la vida, condenarla al trabajo asalariado, focalizar la vida a la producción, generar ganancias: que trabajemos quienes somos más, para que los que son menos puedan acumular dinero y poder. La violencia estructural oprime, cosifica y explota, para generar las condiciones necesarias para sostener al sistema capitalista-patriarcal-colonial-especista.

La violencia en contra de la pobreza -también llamada aporofobia- representa a los 20 muertos en Turi de este 3 de abril de 2022, la cuarta masacre carcelaria en 14 meses. Las PPL son, una vez más, muertos que pone el pueblo y reclama para sí el Estado capitalista burgués, por medio de su lógica de acumulación: su dominación absoluta e irrenunciable sobre la tierra, su desenfrenado dictado del libre mercado sobre la vida. Estas son 20 vidas más que bajo custodia estatal, se van por negligencia y pasividad, desde la perversidad de “la escoria ya se aniquila sola”. El Gobierno Nacional regala “kits alimenticios” a las PPL sobrevivientes y anuncia una guerra sin tregua contra el crimen. Al mismo tiempo, el Estado se beneficia de esta nueva masacre carcelaria, ya que los hechos como el del CPL de Cuenca, les otorgan legitimidad para la militarización del territorio.

La militarización, por su parte, corresponde al supuesto monopolio explícito de la violencia “legitima”, la cual en el momento histórico neoliberal, consiste en radicalizar los instrumentos coercitivos y represivos de dominación. Ecuador acaba de convertirse en aliado estratégico de EE.UU., con el primer marco legal estadounidense que regula la cooperación en seguridad, defensa, inteligencia, justicia y migración, la “Ley de Asociación entre EE.UU. y Ecuador del 2022”. Será permanente la inversión extranjera en forma de indumentaria bélica, y el entrenamiento de tropa en el “reformado” Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad, antigua Escuela de las Américas.

En este contexto, el monopolio de la violencia también la representan los crímenes de Estado, como las 11 ejecuciones extrajudiciales de octubre 2019, que en 3 años no se resuelven ni condenan. La burguesía decide sobre la vida y la muerte en determinados contextos como revueltas, paros y estallidos, camuflando esta misma violencia por el blindaje de la justicia. Actualmente, la Asamblea Nacional tiene que pronunciarse respecto al proyecto de Ley Orgánica de Seguridad Integral y Fortalecimiento de la Fuerza Pública, el cual daría carta abierta a una posible limpieza social por parte de las fuerzas del orden burgués.

Violencia es nombrar en cargo de ministro del recientemente reinstaurado Ministerio del Interior a Patricio Carrillo, segundo al mando en el Ministerio de Gobierno durante Octubre de 2019. Carrillo es responsable de múltiples y sistemáticas violaciones a los derechos humanos durante la revuelta popular. Con la renuncia de Vela, el Ministerio de Gobierno se dividió en dos instituciones; mientras una tiene un carácter político, la otra se dedicará a la inteligencia y la represión. Así, Carrillo vuelve a ser a estar a cargo de gestionar el “trabajo sucio” del Estado, primer alfil antipopular de la burguesía.

Desde el Gobierno Nacional, otra forma de violencia estructural son los despidos masivos, la flexibilización laboral y la precarización de la vida en general. Esta violencia se materializa en lxs 167 médicxs y personal despedido en el hospital del IESS en Quito. El sector de la salud pública se encuentra especialmente afectado por la austeridad neoliberal,  con desabastecimiento y escasez crónica y auto inducida. Esto provoca falta generalizada de insumos en hospitales, listas de espera para operaciones urgentes que se extienden hasta seis meses, y falta de medicamentos. La carencia en los sectores públicos como característica del neoliberalismo.

Una de las lógicas de violencia del sistema capitalista son reformas, los fundamentalismos de mercado, la liberalización de la economía, en son de los privilegios de la clase capitalista. La archivada reforma a la Ley de Inversiones  -que pasará por decretos- además de la reforma laboral, son el paquetazo más contundente en contra de la clase trabajadora por parte del “Gobierno del Encuentro” hasta la actualidad, y representan la violencia sistémica por excelencia.

La violencia estructural también se materializa por medio de la careta democrática, diseñada para administrar los asuntos políticos y económicos de la burguesía. La democracia burguesa se “legitima” cada 4 años, a base de una supuesta voluntad popular, generando la alucinación de que puede llegar a existir un gobierno “del, para y por el pueblo” en los marcos del capitalismo. El Estado y por ende sus relatos en torno a la democracia, siempre serán expresiones e instrumentos de clase, y la máxima expresión de su poder de imposición y dominación.

Violencia estructural son los feminicidios y transfeminicidios normalizados como eventos cotidianos, solapados, tolerados y enmascarados por las mismas instituciones del Estado. La misoginia institucionalizada es violencia estructural, es feminización de la pobreza, y son también las violaciones domesticadoras, la devaluación social de las mujeres y disidencias. Violencia estructural y misoginia institucionalizada es el veto presidencial a la Ley de Aborto por Violación.

Es violencia estructural el paramilitarismo, solapado y permitido por el Estado, constituido por la misma burguesía mafiosa y terrorista. La violencia estructural es asesina del pueblo y de toda vida: “el capitalismo tiende a destruir toda fuente de riqueza: a las personas y a la naturaleza” (Marx, El Capital). El capitalismo genera infinita cantidad de mecanismos de explotación-opresión-cosificación, tan específicos y variados como sean necesarios para sostenerse. La multiplicidad de formas que toma la violencia estructural alcanza para colonizar cada aspecto de la vida, para doblegarnos a las cadenas de la explotación.

La doctrina del shock se genera a partir de una serie de violencias estructurales que se imprimen sobre el pueblo y la clase trabajadora, extremando los mecanismos de dominación y explotación. Son las lógicas del capital, que pretenden amedrentar a los sujetos en todos los aspectos de la vida, sosteniéndonos en un permanente estado de duelo e inmovilidad, mermando las posibilidades de organización popular capaz de contener el avance de la precarización de la vida.

A lo largo de la historia se evidencia el uso de extrema violencia contra el pueblo, para imponer los sistemas  de acumulación. El patriarcado, capitalismo, especismo, fascismo y colonialismo imponen una violencia pacificadora y homogenizante, que tiene como objetivo destruir la memoria histórica colectiva. Cuando somos incapaces de reconocer la historia y transformarla, estamos condenadxs a recaer una y otra vez en los mismos ciclos de reacumulación capitalista y proletarización de la clase trabajadora.

En definitiva, la violencia que nos acecha permanentemente tiene orígenes sistémicos y es dictada por la clase burguesa, en su proyecto histórico-político de imposición de intereses de clase. La cooperación entre los sistemas de cosificación y explotación es impecable, esta estructura es un sistema de sistemas perversos, organizados para la acumulación capitalista. El único camino para hacer cara a los embates de la violencia estructural que nos asedia todos los días, es el camino de la organización popular anticapitalista, territorios organizados que nos permitan cooperativizar el sostén de la vida y resistir a los horrores del gran capital. Únicamente un pueblo unido y organizado, podrá hacerle frente a la maquinaria de imposición que se desata con rotunda violencia bajo el capitalismo neoliberal.

 

Los nadies

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.

Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:

Que no son, aunque sean.

Que no hablan idiomas, sino dialectos.

Que no hacen arte, sino artesanía.

Que no practican cultura, sino folklore.

Que no son seres humanos, sino recursos humanos.

Que no tienen cara, sino brazos.

Que no tienen nombre, sino número.

Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.

Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

Eduardo Galeano

 

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