La falacia del capitalismo verde

vamosamorir
Lunes 25 de Abril de 2022

En el Ecuador los derrames de petróleo y gasolina son eventos recurrentes. El Estado de uno de los territorios con mayor biodiversidad a nivel mundial, perpetúa a la vez el modelo primario exportador atado al petróleo, con una ampliación agresiva también en el sector minero. El capitalismo destruye la naturaleza al mismo ritmo que al ser humano. El Estado y la burguesía parasitaria se prometen una gran parte de la renta petrolera, ubicándose el barril de petróleo por encima de los USD 100 desde el inicio de la guerra imperialista en Ucrania. La burda desfachatez de profesar un Estado austero, con la estrategia simultánea de la apropiación de la renta petrolera por medio de la externalización del proceso de producción, logística y comercialización de hidrocarburos, representa una empresa ambiciosa de la burguesía como gobierno.

El más reciente derrame de diésel se suscitó en la Reserva Marina de Galápagos, el sábado 23 de abril. Un total estimado de 2.000 galones de diésel se derramaron frente a Santa Cruz, tras el naufragio de navío privado. Este es un escenario recurrente en un sinnúmero de áreas protegidas o de importancia biológica en el Ecuador, como el derrame del 22 de diciembre de 2019, cuando un total de 600 galones de diésel se regaron en el mar frente a la isla de San Cristóbal, también en la Reserva Marina Galápagos. El capitalismo conoce únicamente la explotación y apropiación de recursos y plusvalía, y todo lo que se encuentre de por medio, resulta ser un obstáculo para su expansión y perpetuación sistémica, y la destrucción de la vida es un simple efecto colateral.

En la práctica se devela la profunda hipocresía del autodenominado “Gobierno del Encuentro”, que amplió la Reserva Marina Galápagos, al mismo tiempo de sostener un plan de gobierno que pretende duplicar la explotación petrolera, de 500.000 a 1.000.000 de barriles diarios. La firma de la ampliación, la cual se realizó el 15 de enero de este año, se desarrolló en las mismas aguas que el derrame frente a Santa Cruz. La reserva de Galápagos pasó a colindar con reservas marinas de Colombia, y la Isla de Coco en Costa Rica, conformando un área conjunta de 198.000 kilómetros cuadrados, con un corredor  llamado “Hermandad”. En contraste, una flota pesquera con más de 300 barcos acecha constantemente a las poblaciones de fauna marina que supone proteger la reserva de Galápagos. Esta flota china se mantiene en aguas internacionales, fuera de cualquier jurisdicción, decimando especies protegidas y en peligro de extinción. Aun con la ampliación del área protegida, las prácticas depredadoras del capitalismo continuarán amenazando la supervivencia de las especies, ya sea por pesca ilegal a gran escala o derrames de diésel.

La misma semana del derrame en Galápagos, inició operaciones una nueva plataforma de explotación petrolera en el Bloque 43, en la zona de Ishpingo,  que conjuntamente con las zonas de Tambococha y Tiputini, hacen parte del Parque Nacional Yasuní. El inicio de la explotación del Yasuní definitivamente no es una coincidencia: Lasso planteó duplicar la producción petrolera en los próximos 4 años. Esto, más allá de una pérfida promesa de campaña en medio de una crisis climática descomunal, implica un compromiso comercial con grandes potencias económicas. Es por lo mismo que la empresa encargada de la plataforma de explotación es Chuanqing Drilling Engineering Company Limited, de China, con más de 36 pozos. Esta nueva explotación permitiría incrementar la producción de petróleo en alrededor de 4000 a 6000 barriles al día.

La consulta popular de febrero de 2018 sigue imponiendo sobre el pueblo ecuatoriano sus perversidades disfrazadas, esta vez de ecologismo. El permiso de explotación se da con la excusa del decreto 751 Art 3, que en noviembre de 2018 fue impuesto por Moreno. En ese decreto, si bien extendió por más de 60.000 hectáreas la zona protegida, dejó descuidada y a la merced de explotación de hidrocarburos, la zona de amortiguamiento, que en principio existe para garantizar la vida de los pueblos en aislamiento voluntario, a quienes pertenece como territorio ancestral, lo que ahora llamamos Parque Nacional Yasuní.

El Parque Nacional Yasuní representa la región más biodiversa del planeta, con una extensión de 1.022.736 hectáreas y más de 2.000 especies de árboles, 204 de mamíferos, 610 aves, 121 de reptiles, 150 de anfibios y más de 250 especies de peces. Es también el territorio de dos pueblos en aislamiento voluntario, los Tagaeri y Taromenane. La explotación de petróleo en Ishpingo es un crimen directo contra la vida y definitivamente atenta contra los derechos, tanto de los pueblos en aislamiento, como de los animales que lo habitan y de la naturaleza. Se confirma poco a poco que el Gobierno del Encuentro, solo nos encuentra con la muerte, en su necropolítica multifacética.

El 2022 inició con dos derrames significativos de los oleoductos de transporte de crudo en el Oriente, afectando el Parque Nacional Cayambe-Coca y directamente a los ríos Coca y Napo, contaminando también las fuentes de agua y alimento de varios pueblos y nacionalidades indígenas. Este derrame se produjo en la misma zona que fue afectada en 2020, cuando se produjo el peor derrame de la década, con más de 15.000 barriles de petróleo. En esa ocasión también resultaron afectados cauces de ríos. Definitivamente el extractivismo es una herencia colonial que vuelve a colocar a la tierra, los animales y las personas en completo estado de cosificación para el capitalismo, y sostiene la primarización de la economía.

La evidencia histórica nos demuestra que no existe ni la voluntad política ni la real posibilidad de evitar desastres naturales cuando de explotación petrolera y minera se trata. La huella gravísima que dejó la empresa Chevron en las poblaciones de Shushufindi en Sucumbios y Orellana, con aguas y suelos contaminados por piscinas y derrames, es incalculable. Las enfermedades graves como varios tipos de cáncer, altos índices de abortos espontáneos, bajo peso en neonatos y enfermedades de la piel son algunas de las consecuencias. Así como la degradación de la biodiversidad, tanto de animales como de plantas a causa de la explotación petrolera en la Amazonía ecuatoriana. Por otro lado, la mayoría de estas intervenciones se hacen en territorio ancestral de pueblos y nacionalidades, violando sus derechos a la autodeterminación, y muchas veces imponiendo desplazamientos forzados.

El greenwashing de Lasso es una amenaza frontal al cuidado y conservación de la naturaleza, así como una continuación de la lógica colonial que ha sometido desde hace más de cinco siglos a los pueblos del Sur. La inversión extranjera anunciada por el gobierno, se concentrará sobre todo en sector minero, lo que llevará a una ampliación agresiva de la frontera ecológica, con operaciones extractivas en áreas cada vez más amplias, y más comprometedoras ecológicamente hablando. De toda la inversión extranjera, solo el sector minero y el sector petrolero se llevan más del 50%. Es evidente que la inversión de la que tanto habla la oligarquía en el poder, como “salvadora” de la economía –a pesar de que no exista evidencia de que esto sea así, sino todo lo contrario- definitivamente está encaminada a hacer concesiones para la explotación de recursos naturales, reproduciendo un sinnúmero de violencias, que incluyen el desplazamiento forzado, el paramilitarismo, las violaciones sistemáticas, el empobrecimiento y calidad de vida precaria para los pueblos y el sometimiento económico al Norte Global.  Definitivamente la burguesía local, hará todo lo posible para continuar con sus compromisos con la burguesía transnacional extractiva.

Al capitalismo periférico primario exportador, modelo que se perpetúa en Ecuador y profundiza con el momento histórico neoliberal, poco y nada le importa la biodiversidad o la conservación de especies. Mientras lo único que la burguesía sepa contar sean signos de dólares, tanto la naturaleza como la humanidad son pesos muertos, simples variables en negativo que considerar al momento de calcular la plusvalía. La falaz careta del capitalismo verde que pretenden representar Lasso y compañía, se cae con cada derrame, cada atentado perpetrado contra los pueblos y la naturaleza. El lavado verde que pretende propiciarle el Gobierno Nacional a su modelo de dominación, termina siendo tan contradictorio y superficial como su supuesta “preocupación” por el pueblo. Mientras exista un sistema que perpetúe la explotación infinita, jamás se cuidará la vida en ninguna de sus formas. Únicamente la superación del capitalismo puede desembocar en un respeto y reconocimiento verdadero de la naturaleza y el ser humano como una parte intrínseca de un solo sistema de vida.

 

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