Volver a los feminismos populares

MUJERES

En este artículo se exponen argumentos que cuestionan la posición radical separatista en el feminismo, así como argumentos que excluyen al feminismo liberal de la lucha revolucionaria. En ningún momento hago símiles el separatismo radical feminista y el feminismo liberal, pero creo que ambas caben en una pegunta fundamental que no nos estamos haciendo: ¿Por qué volver los  feminismos populares? Trato de situar una posición crítica a las disputas separatistas radicales y liberales en el contexto político nacional, reflexiones que parten del escrache de “potencial femicida” del 8 de marzo del presente año.

Acerca del separatismo feminista

Entender el feminismo como inherente a las mujeres y solamente a las mujeres, me parece estratégicamente problemático. Difiero enormemente del planteamiento histórico del feminismo separatista radical como representación únicamente de las mujeres, principalmente porque las jerarquías sexuales se limitan, si nos quedamos en los binarios del mujer/hombre.

Las jerarquías sexuales comprendidas desde el  binarismo que se plantó como uno de los elementos de la división sexual del trabajo, estableció a la familia como mecanismo de control al cuerpo de las mujeres, para la producción y reproducción social, además creó las líneas de herencia para mantener la propiedad en manos de los hombres. Los casos en que se trabaja al binarismo como complementariedad en las posiciones andinas u orientales, se refieren a otro tipo de binarismo que aquí no se está tratando ni cuestionando. La perspectiva de este trabajo retoma, como señalé anteriormente, el binarismo de las jerarquías sexuales, serviles a la conformación del capitalismo.

En este sentido, las jerarquías sexuales, en las que por supuesto, históricamente las mujeres pobres han tenido las de perder en dimensiones mucho más significativas; no solo han oprimido y explotado a las mujeres y no a todas las mujeres se les ha explotado por igual. Sino que existen una cantidad incontable de sujetos femeninos, feminizados y masculinos subalternos y disidentes, que se enfrentan socio-históricamente a una serie de violencias y desigualdades que el sistema capitalista se encarga de perpetuar. Por lo tanto, el feminismo puede ser una política de representación en cuanto  suscriba a todos los sujetos que puedan beneficiarse y tener vidas más libres, plenas y dignas a través del mismo.

De lo contrario, parafraseando a Judith Butler (2007) la representación se convierte en la norma que valida y define lo que es la categoría de mujeres, que para la teoría feminista y la política feminista, ha significado validar quienes son y quienes no son sujetos del feminismo. Contrario a los planteamientos de los feminismos populares, de la diferencia, comunitarios y demás. En este sentido, lo que planteo es desesencializar el sujeto del feminismo desde la normativa de la categoría mujer, por lo que no encuentro contradicción alguna entre el sujeto masculino y el ejercicio feminista. Si bien la vanguardia feminista son las mujeres, la exclusión del feminismo a compañeros aliados, me parece estratégicamente erróneo. Con lo que no resto importancia a espacios de empoderamiento, autoconsciencia y sororidad separatistas, tanto de femeninos como masculinos.

Desde mi lectura de los planteamientos de Butler, es evidente que la política feminista debe integrar a todos los sujetos diversos que suscriban a la lucha por la erradicación de las jerarquías sexuales. Que incluyan las identidades diversas que definitivamente han criticado al sexismo, las jerarquías sexuales, al patriarcado y al capitalismo. Por lo tanto, ¿qué excluye a cualquier mujer u hombre de ser compañera o compañero feminista?

Acerca del feminismo liberal

Pensando en la magnitud y fuerza que está tomando el movimiento feminista, una astilla de preocupación incomoda mi alegría inicial. Y es que cómo feminista, comunista y anti-especista, mirar cómo va creciendo el esencialismo feminista del que venía conversando, que bien podría asumirse como estratégico en un primer momento, deja que se cuelen nociones que van invadiendo los planteamientos más críticos del feminismo, quedando en la superficialidad de “la lucha de las mujeres”.

En este sentido, vuelvo a plantear las preocupaciones de las compañeras afros, hispanas, campesinas, comunistas e indígenas respecto al feminismo blanco-burgués hace décadas: ¿De qué le sirve a la mujer de abajo, a la trabajadora obrera, a la campesina, a la lesbiana, a la marginal, a las mujeres afro, a las mujeres trans, a los hombres disidentes de la masculinidad hegemónica; un feminismo del techo de cristal, un feminismo de las que ya están arriba, un feminismo que no critique la misma base económica clasista que sostiene las jerarquías sexuales? (Davis 2017)

Lamentablemente la tendencia feminista más reconocida es la liberal blanco-burguesa, que es un feminismo contrarrevolucionario, un reduccionismo de los planteamientos profundamente críticos del feminismo. El feminismo liberal plantea una rebeldía parcial y accesible a unas pocas mujeres bien acomodadas, que ya están en posiciones de poder. Una rebeldía dentro de los esquemas permitidos, que poco o nada ponen en duda los sistemas de explotación elementales, cómo la división internacional del trabajo y la colonización del mundo del mercado a la vida cotidiana.

En este sentido, el feminismo que se plantea desde la utopía de la sociedad comunista, libre de jerarquías de clase y sexo - y especie en la lógica industrial capitalista - debe ser el feminismo que la rebeldía total, el que molesta a la normatividad, el feminismo como revolución práctica y teórica. El feminismo ha cambiado la epistemología, la conciencia y la metodología de cómo se estudia la realidad y la historia, evidenciando la triada de la opresión: el capitalismo, el patriarcado y la colonialidad; agrupados, sostenidos  y resguardados por los órdenes estatales.

Retomando cómo metodología al materialismo histórico, el feminismo revolucionario tiene la tarea de profundizar las vagas y superficiales nociones que se manejan desde feminismo liberal blanco-burgués. Hacer del movimiento feminista una unidad diversa, que se cuestione no solo las jerarquías sexuales, sino la misma estructura de clases mantenida por el sistema capitalista.

Si cómo feministas no somos capaces de evidenciar y asumir el desarrollo del capitalismo como un proceso de domesticación de las mujeres, un proceso de desposesión de conocimiento, propiedad y relevancia a la figura femenina y un proceso de control de nuestros cuerpos, seremos incapaces de plantear cambios normativos en las estructuras de poder. La acumulación primitiva fue también una acumulación de diferencias y divisiones dentro de la clase trabajadora, en la cual las jerarquías de género, raza y edad se hicieron constitutivas de la dominación de clase (Federici (2004) 2010).

La epistemología feminista evidenció la complejidad del proceso de construcción del capitalismo, demostrando que el control de las mujeres no solo constituyó y sigue constituyendo una de las tantas formas de explotación, sino que es la base de la acumulación primitiva. Los trabajos de cuidado desconocidos de salario, la reproducción social y de la fuerza laboral, corresponden a la gran capacidad de acumulación de la clase dominante, y al mantenimiento del orden en lo cotidiano. 

¿Por qué volver los  feminismos populares?  Bienvenidos los feminismos de la diferencia, los marxistas, los eco-feminismos, los feminismo animalistas, los feminismos de las que somos más, los feminismos que cuestionen profundamente las raíces de la dominación, esos feminismos con los que un mundo mejor es posible, para todas y todos. La propuesta finalmente, plantea un distanciamiento estratégico y político del separatismo radical y del feminismo contrarrevolucionario liberal, para enunciarnos de una vez por todas desde el feminismo popular.  

 

Bibliografía.

Butler, Judith. El Género en Disputa. Barcelona: Paidós, 2007.

Davis, Angela. Revolution today. CCCB: Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, 9 de Octubre de 2017.

Federici, Silvia. El Calibán y la Bruja. Mujeres, cuerpo y acumulacion primitiva. Quito: Traficantes de Sueños, (2004) 2010.

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Diana Almeida Noboa

Comunicadora social e investigadora de estudios del género. Trabaja la aplicación de la teoría feminista en los estudios sobre masculinidades y explotación animal. Plantea un enfoque crítico, contemporáneo e inclusivo a los estudios sobre acción colectiva de hombres antipatriarcales. Feminista, comunista y animalista.