La Siria de los al Assad

AL ASSAD

Resultaría un pecado para la mayoría de la izquierda latinoamericana y mundial, decir que Siria se encuentra gobernada desde hace más de 40 años por una dictadura familiar. No serían pocos los que alzarían su voz en contra de esta aseveración, acusando a quienes la sostienen, de cómplices del imperialismo norteamericano y el sionismo israelita. Lo cierto, es que toda esa gran mayoría de “analistas” y charlatanes de izquierda, no tienen la más mínima idea del por qué se ha desatado una guerra civil en un “paraíso” moderno y progresista como era Siria. Su discurso, que parece sacado de un manual de la Guerra Fría, no alcanza a vislumbrar la complejidad del conflicto, siempre acusando al imperialismo – que evidentemente existe y mata  - como el único actor con intereses en la guerra, como si el Gobierno sirio - y sus aliados - no tendría agenda propia en la guerra, además de ser el origen de la misma.

El nacimiento de Siria

Tras la derrota del Imperio Otomano (1299-1923), vinculado a las llamadas Potencias Centrales durante la I Guerra Mundial (1914-1918), los países aliados (Estados Unidos, el Imperio Británico y Francia) procedieron a trazar las fronteras de lo que actualmente conocemos como Medio Oriente. Tras la firma del tratado de Sykes Picot (1916), Francia crea un protectorado a su cargo (1922), llamado Mandato francés de Siria que duraría hasta 1946, año en el que se firma el Tratado de Independencia. Entre 1940 y 1941, Siria estuvo ocupada por la administración francesa aliada de la Alemania nazi hasta la entrada de los británicos y franceses aliados en el país; en 1941 se funda la República de Siria.

En 1958 Siria se integra a la República Árabe Unida (1958-1961), un proyecto nacionalista que integró a los estados de Siria y Egipto sobre la base del panarabismo, una corriente nacionalista y secular que buscaba la unidad de todos los árabes de Asia y África en una gran nación; durante los mismos años se fundarán los Estados Árabes Unidos con la unión de Yemen y la República Árabe Unida.

Egipto jugaba un papel hegemónico respecto a la Repúblíca Árabe Unida, que llevaría al descontento de la clase política y militar de Siria, motivando en 1961 su salida por la fuerza. Apenas dos años después, ocurre un golpe de Estado en Siria organizado por el Partido Baaz Árabe Socialista, organización que monopolizará el Gobierno desde la fecha hasta la actualidad. Finalmente en 1971, Hafez al Assad - y su familia - se hace con el poder de Estado hasta el año 2000, fecha en la que fallece, sucediéndole su hijo Bashar al Assad actual presidente de Siria.

Una Siria solo para los árabes

Los estados nación de actual Medio Oriente se caracterizan por organizarse sobre clases dirigentes que se diferencian en lo étnico y religioso; en Siria[1] quienes detentan el poder son hombres árabes alauitas - una fe islámica parte del chiísmo[2], que en el país representa menos del 20% de la población -. Vale recordar que Siria no está forma únicamente por hombres  árabes alauitas, existe una mayoría de árabes sunitas, minorías como los kurdos, armenios, turcomanos, yazidíes, asirios, entre otros, que también profesan diferentes religiones.

El Estado sirio diferenciado de grandes mayorías y minorías ha construido la República Árabe Siria en base a un proceso de asimilación y desplazamiento forzado. Los kurdos son unos de los grupos étnicos que más han sufrido la política asimilacionista del régimen sirio desde hace décadas, tras el censo de 1962 unos 420.000 kurdos del norte de Siria perdieron su nacionalidad, ya que no pudieron comprobar que habían vivido en Siria antes de 1945[3]; extraños en su propia tierra no podían legalizar sus propiedades, casarse, acceder a servicios básicos, tener empleo o atención médica. En 1973, con Al Assad padre en el poder, la Constitución declara a la lengua y cultura árabe como las oficiales del país, se prohíbe la enseñanza del kurdo y se cierran escuelas. El mismo año se crea el Cinturón Árabe, una estrategia para desplazar a la población kurda del norte de Siria, cerca de la frontera con Irak, y se dispone a arabizar la región, movilizando a más de 140.000 kurdos hacia regiones desérticas.

A la asimilación forzada de los kurdos[4] se suman detenciones, torturas, encarcelamiento, desaparición y asesinato de disidentes árabes. El Estado sirio, con la familia Al Assad a la cabeza, se construye en el gran y mortal aparato que controla los mecanismos de inteligencia, los medios de comunicación, los medios de producción y los sindicatos, las fuerzas armadas, en base a alianzas de tipo familiar, étnico y religioso, que benefician a un sector minoritario de la población.

Guerra

Al suceder a su padre en el año 2000, Bashar al Assad  representaba un respiro a casi treinta años de dictadura, sin embargo, la apertura económica y las reformas liberalizadoras que desarrolló no hicieron más que ahondar la crisis en los sectores populares del país. Estos, una mezcla árabe sunita rural y urbana, se levantaron en diferentes ciudades protestando por mayores garantías democráticas en 2011. Las protestas pacíficas acabaron convirtiéndose en enfrentamiento, que en un inicio buscaba transformar el carácter anti democrático y autoritario del Gobierno, de tipo sectario, árabes sunitas versus árabes alauitas, árabes sunitas versus kurdos.

La revolución que en un inicio se caracterizó por ser un levantamiento popular contra la Siria de los Al Assad, rápidamente fue hegemonizada – no sin resistencia – por el islamismo radical sunita, primero por la filial siria de la organización terrorista Al Qaeda: Jabhat al Nusra, y luego por la aparición del Estado Islámico (ISIS), ambas apoyadas por el Occidente imperialista directa o indirectamente, eso sin contar la posterior intervención en el conflicto de Estados Unidos, Rusia, Irán y Turquía.

Hoy los sueños de una Siria democrática sin los Al Assad son difusos, la guerra ha añadido intereses más poderosos transformándola en un conflicto a escala regional con múltiples actores, no sólo las clases dirigentes de la región, sino también potencias de Occidente y grupos islamistas radicales. Es más que probable que Bashar al Assad continúe en el poder, considerando el cambio dramático que ha experimentado la guerra desde la intervención rusa, sin que existan mayores cambios en Siria de aquí en adelante; lo lamentable es que buena parte de la izquierda latinoamericana y mundial, celebre la victoria de un carnicero como sinónimo de antiimperialismo, democracia y progresismo.

 

[1] Irak son hombres árabes sunitas - actualmente existe una fuerte emergencia política del chiísmo -, en Turquía hombres turcos sunitas, en Irán hombres persas chiítas, etc.

[2] Segunda confesión islámica tras el sunismo. Los chiítas consideran a cuarto califa, Alí, como el verdadero sucesor del profeta Mahoma.

[3] Entre 1945 y 1962 miles de kurdos salieron de Turquía hacia Siria ubicándose en el norte del país, región habitada por los kurdos cientos de años, en la que convivieron junto a tribus árabe.

[4] Entre las décadas del 80 y 90, el Estado sirio llega a un acuerdo con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) en base a intereses comunes, hostigar a Turquía, sin embargo, los atropellos contra la población kurda no cesaron y luego la alianza se terminaría por persiones de Turquía, obligando a localizar las bases de la guerrilla en las montañas de Qandil (Irak).

 

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Carlos Pazmiño

Militante comunista, bolivariano, periodista y sociólogo. Estudia la cuestión kurda desde una perspectiva latinoamericana, la izquierda y el movimiento obrero ecuatoriano, teorías del Estado, etc. Ha expuesto su trabajo de investigación en dentro y fuera de Ecuador.