Imperialistas, terroristas, dictadores y revolucionarios

SIRIA

Desde hace siglos Medio Oriente ha sido una de las zonas más conflictivas del planeta por su ubicación estratégica y recursos naturales. Desde la antigüedad hasta entrada la Edad Media, griegos, romanos, bizantinos, persas, turcos, cristianos y musulmanes han, disputado por todos los medios el control de la región, tal como ahora lo hacen las potencias de Occidente, las clases dirigentes autóctonas y los movimientos populares.

La Guerra Civil Siria (2011) es un complejo escenario en el que luchan cinco diferentes sectores: a) el gobierno de Bashar al Assad apoyado por Rusia, Irán y Hezbollah de el Líbano - China se incluye también en esta alianza con las “distancias” del caso - que lucha por mantener un Estado de carácter autoritario, b) la oposición al Gobierno sirio que en un inicio estaba formada por sectores populares y una precaria burguesía - ambos de tipo laico y religioso -,que poco a poco fueron arrinconados y hegemonizados por el yihadismo, cuyo objetivo inicial era la democratización del país, c) Estados Unidos y sus aliados, quienes apoyan militar y económicamente a la oposición hegemonizada por el yihadismo, junto a Arabia Saudita, Turquía e Israel, con claras intenciones de cambiar el régimen sirio por uno a su favor,d) las organizaciones islamistas radicales como Jabhat al Nusra, filial de al Qaeda en Siria, el Estado Islámico (ISIS), Ahrar al Sham, entre otros, quienes pretendían crear un Califato - sistema de gobierno islámico sustentado en la fe - desde Oriente Medio hasta el norte de África y parte de España, e) el Movimiento de Liberación Kurdo de Rojava (Kurdistán sirio) y su propuesta de una Siria confederal y democrática. A continuación, veremos de forma resumida como el tablero político y militar ronda en torno a estos sectores.

La Siria “anti imperialista”

La muletilla izquierdista, que es más calco de la Guerra Fría que un análisis sensato de los orígenes de la Guerra Civil Siria, nos dice que en el país está librando una guerra anti imperialista contra Estados Unidos y sus lacayos invasores, ubicándose en la “vanguardia” por la liberación de los pueblos del mundo. Lo que nuestros amigos izquierdistas no saben, es que Siria es un Estado autoritario, con una clase dirigente diferenciada en lo étnico y religioso de tipo hereditario. Los al Assad, la familia que gobierna con mano dura desde los años 70, no son los más grandes defensores de los derechos humanos y no han dudado en aplicar “grandes” correctivos - cárcel, asesinado, tortura, desaparición - contra toda disidencia con tal de mantenerse en el poder. La Guerra Civil Siria, no es una guerra anti imperialista, es un conflicto en el que una clase dirigente se aferra al por todos los medios al poder.

El bando “anti imperialista”

Rusia, Irán y Hezbollah de el Líbano, principales aliados del régimen sirio, han intervenido en la guerra, ganando terreno en la arena militar y política. El dramático cambio del curso de la guerra tras la intervención de Rusia - desde el 2015 hasta el día de hoy -, brindó un gran respiro al Gobierno, hasta ese momento acorralado por la oposición y el yihadismo; Rusia disponía de una sola base en la zona costera de Latakia (Siria), actualmente existen varias a lo largo del país. De la misma forma, Hezbollah, una organización político militar chiíta de el Líbano, e Irán, mantienen grandes contingentes de efectivos a lo largo del territorio sirio, reforzando varios frentes, apoyando a las milicias chiíes o participando activamente en los combates.

Según el analista internacional, Andrés Pierantoni, Siria y sus aliados saben que la guerra definirá algo más que la permanencia del régimen de Bashar al Assad, es la oportunidad para abrir camino directo al Mediterráneo y al Atlántico del gas y petróleo iraní, bloqueando la alianza de Estados Unidos con Arabia Saudita por el control del gas de la Plataforma Continental del Mediterráneo, debilitando el monopolio de estos sobre el comercio de gas en Europa. Si Estados Unidos y Arabia Saudita quisieran un paso más rápido hacia el Mediterráneo no requerirían ingresar vía Siria, podrían hacerlo por Jordania y el Estado sionista de Israel. Aquí lo realmente importante es el control de las fuentes gasíferas del Mediterráneo, el aislamiento de Irán, y por ende de China y Rusia, así como el cambio de régimen - o su desaparición como entidad territorial - para sustentar política y militarmente las pretensiones de Occidente y las monarquías del Golfo.

Ninguno de los aliados de Siria, como es de esperar, ha cuestionado el carácter autoritario del Gobierno, ni ha propuesto una salida democrática - que demuestre verdaderamente su voluntad por acabar con la violencia - en la que sean incluidos los actores que intervienen en el conflicto, quienes solicitan un cambio de régimen y la democratización del país. Su respuesta, al igual que la de al Assad, ha sido fuego y acero.

¿Opositores o terroristas?

El terrorismo islámico en la región tiene sus orígenes varias décadas atrás de las intervenciones militares de Afganistán (2001) e Irak (2003), es un fenómeno que poco a poco ha ido madurando en medio de un clima de gobiernos autoritarios, creciente violencia sectaria e invasiones de Occidente.

Siria ejemplifica el desarrollo de un conflicto de tipo religioso, político y étnico, que en un inicio buscaba transformar al país. Lo que fue una revuelta con diversos contenidos y orientaciones, pronto fue hegemonizada por fracciones yihadistas que añadieron más violencia a la guerra, de esta forma, toda la oposición siria al régimen de al Assad era bautizada por los medios y la opinión pública como terroristas. No importaba que estos sean árabes laicos o religiosos, poco a poco se posicionó la idea de que cualquier signo de oposición - incluso la de los kurdos kurdos - era sinónimo de terrorismo islámico, o lo que es lo mismo, de Jabhat al Nusra, ISIS o Ahrar al Sham. Así el mundo le dio la espalda a un pueblo que buscaba mayores garantías democráticas, mientras un sector de la izquierda celebra la masacre de cientos de inocentes cada semana como una derrota al terrorismo financiado por Estados Unidos.

Es cierto que Estados Unidos ha financiado militar y económicamente a grupos que van desde la oposición moderada, las fuerzas kurdas o incluso a organizaciones yihadistas, sin embargo, resulta un acto de pereza mental no comprender la complejidad del conflicto y simplemente tachar lo que no se desconoce como sinónimo de terrorismo o aliados del imperialismo a secas.

Árabes y kurdos en la encrucijada

El espíritu de la revolución en Siria se ha ido apagando con bombas y sangre, el pueblo se encuentra desmovilizando y desmoralizando, y es que la guerra se vuelve insostenible cuando no existen signos de victoria - aunque sean pequeños - en el horizonte. Traicionada e incomprendida por muchos, la sangre de cientos de miles de árabes se encuentra en una encrucijada, regreso al autoritarismo de Bashar al Assad, algo que parece a estos momentos incontenible, convivencia con las facciones yihadistas, o la tercera vía de los kurdos, la Siria Confederal Democrática, que tiene pocas posibilidades de expandirse debido al cerco turco y la necedad del régimen.

Los kurdos, por su parte que habían “convivido” con el Estado sirio hasta el año 2011, se vieron obligados a tener una alianza temporal, táctica pero no estratégica con Estados Unidos, que los ha aislado políticamente de buena parte del mundo árabe; también ha sido traicionados por todos. Tarde o temprano el Estado sirio y la auto proclamada Federación Democrática del Norte de Siria deberán sentarse a hablar, mientras tanto, los kurdos avanzarán implantando un modelo único en Oriente Medio en el que las más diversas etnias y religiones conviven, como lo hicieron durante siglos antes que Occidente dibuje las fronteras de Medio Oriente.

Imperialistas, terroristas, dictadores y revolucionarios luchan en Siria, lo que menos puede hacer la izquierda del mundo es comprender las raíces del conflicto a profundidad para no situarse del bando del adversario del pueblo sirio. El silbido de las bombas mata la esperanza de una Siria democrática, la propaganda los llama terroristas, mientras las clases dirigentes, los terroristas, los imperialistas y los dictadores, celebran la masacre.

 

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Carlos Pazmiño

Militante comunista, bolivariano, periodista y sociólogo. Estudia la cuestión kurda desde una perspectiva latinoamericana, la izquierda y el movimiento obrero ecuatoriano, teorías del Estado, etc. Ha expuesto su trabajo de investigación en dentro y fuera de Ecuador.