Catalunya: las costuras del régimen Español

CATALUÑA CRISIS

Miércoles 20 de septiembre 2017, Barcelona, capital de Catalunya (Cataluña) amanece con centenas de efectivos de la Guardia Civil y Policía Nacional de España, se realizan allanamientos a oficinas de la Generalitat – institución que representa a Catalunya frente al Estado español - y domicilios de funcionarios del Gobierno catalán; 14 personas fueron detenidas por delitos que van desde desobediencia, prevaricación y sedición. Hasta el momento son más de 30 imputados bajo estos delitos, entre los que están la ex presidenta del Parlamento, Carmen Forcadell, y los líderes de las organizaciones civiles más grandes Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, que llevan más de 150 noches en prisión, sin contar con aquellas que han tenido que salir fuera de Catalunya porque su libertad se veía amenazada.

¿Desobediencia y sedición? Como en 2017, el Gobierno de Mariano Rajoy - quien gusta ir “repartiendo democracia” por el mundo, ya sea a través de la OTAN, a sangre y fuego o apoyando a causas golpistas como en Venezuela - continúa aprisionando a los líderes del Gobierno catalán por exigir y defender el derecho de su pueblo a votar sobre su pertenencia o no a ese Estado español. Carles Puidgemont, presidente del Gobierno catalán ahora mismo se encuentra detenido en Alemania, gracias a las maniobras del Gobierno español.

Las causas sobran: económicas, sociales, políticas, identitarias y de autodeterminación. Catalunya no fue parte de las coronas ibéricas, ni lo quiere ser, le han obligado a la fuerza, desde Felipe V de la familia de los Borbones, quien la anexó por la fuerza, hasta el régimen franquista, que prohibió hablar el catalán y proclamó al catalanismo como una enfermedad a erradicar; Lluís Companys presidente de la Generalitat fue fusilado por las autoridades franquistas tras el fin de la Guerra Civil Española (1939-1936).

El 1 de octubre de 2017 los antidisturbios de la Guardia Civil y la Policía Nacional enfrentaron a ciudadanos y ciudadanas que se habían auto-organizado para garantizar su referéndum, su derecho a votar y, sobre todo, sus libertades fundamentales a la libre expresión y elección. La ciudadanía, abuelos, abuelas, niños, niñas y adultos se enfrentaron a los antidisturbios con las manos en alto al grito de “estas son nuestras armas”, los antidisturbios lo hicieron con porras, gases, patadas, puños y balas de goma del tamaño de pelotas de ping pong, balas que por cierto son ilegales desde 2014. ¿A alguien le queda dudas de por qué Catalunya no quiere ser parte del estado español?

El día del referéndum una madre de familia que estuvo toda la noche del sábado en el colegio electoral donde votaba dijo: “de aquí no nos vamos hasta que se cuente el último voto, nosotros solo queremos votar y decidir, queremos que el tema se resuelva ya”. Al final de la jornada a los gritos de hem votat (hemos votado) y els carrers seran sempre nostres (las calles serán siempre nuestras), la gente se abrazaba y aplaudía, era una fiesta, la fiesta de quienes con la voluntad de los vecinos y vecinas organizadas “habían” parado a las fuerzas represivas del Estado español, heredero del régimen del 78, creado por el franquismo, aún está vigente.

Casi 3 millones de personas votaron, pese a que el Estado español hiciera todo por evitarlo; 700 mil votos fueron robados por la Guardia Civil, 90% de los votos que fueron contados dijeron que sí a la República de Catalunya.

¿Cómo iba a “revolver” el “problema catalán” el gobierno de Rajoy, el Partido Popular (PP), o sus cómplices en la “izquierda” española? En los meses posteriores, ha sido claro, lo está “resolviendo” a golpe de porras y detenciones, persecuciones a los líderes políticos y civiles independentistas.

Catalunya va más allá del independentismo, no se trata simplemente de conseguir la independencia del Estado español, sino el inicio de una oportunidad para que el pueblo cuestione la herencia franquista, plantee reformas constitucionales y se libere del PP, el partido más corrupto de España. Pero, además, Catalunya, es ese lugar donde la población de manera pacífica pero organizada venció momentáneamente, donde los bomberos se vistieron de pueblo y salieron a hacer escudos humanos para defender a los vecinos y vecinas, donde la gente pegaba letreros en los barrios indicando dónde se votaría, donde se compartió comida durante dos días para quienes dormían en los alrededores de los colegios, esa que cantaba “No pasarán” y “Barcelona será la tumba del fascismo”. Catalunya nos deja una lección hermosa para quienes creemos que otro mundo es posible, uno en que la gente sea capaz de organizarse, de luchar por un fin común, por algo superior que es la libertad de los pueblos.

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