Laboratorios biológicos en Ucrania y la hipocresía del imperialismo yanqui

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Miércoles 6 de Abril de 2022

El 5 de febrero de 2003 en el Consejo de Seguridad de la ONU, Colin Powell, entonces Secretario de Estado de EE.UU., mostraba a sus pares un líquido blanco, que supuestamente contenía un material químico que se encontraba en manos del régimen iraquí. En 2005, un informe publicado por la CIA reportaba que, desde 1991 Irak no contaba con ningún programa activo para el desarrollo de armas de destrucción masiva. Es más, a partir de las declaraciones fraudulentas y mentiras del Secretario de Estado de EE.UU. y toda su política internacional, junto a su aparato de propaganda y el complejo industrial-militar, fabricaron la estrategia para culpar a Saddam Hussein, entonces Presidente de Irak, de poseer armas de destrucción masiva, y que Hussein podría atacar a países occidentales en cualquier momento. Incluso Tony Blair, primer ministro británico de aquel entonces, declaraba que los misiles de Hussein podrían alcanzar el Reino Unido en menos de 45 minutos.

Después de la escandalosa escenificación, se materializaba un plan del neocolonialismo occidental, el cual se había fraguado con los ataques de Al Qaeda del 11 de septiembre, con el objetivo expreso la toma económica y política de Oriente Medio y Asia Central. Irak sería el primer territorio en sufrir bajo la nueva doctrina imperial de Occidente, para mantener su orden unipolar. Las evidencias falsas legitimaron la invasión y el conflicto que se extendería hasta la muerte de Hussein en 2006, además de legitimar que Irak quedara bajo la intervención yanqui hasta la actualidad. Después de las mentiras y la guerra, los EE.UU. fueron acusados de cometer crímenes en contra de la humanidad por violaciones sistemáticas a los derechos humanos, incluyendo denuncias de la existencia de campos de tortura y los ataques a civiles por medio de bombardeos indiscriminados. Parte de estas pruebas las presentó Wikileaks por medio de la publicación de material que aducía a una “masacre colateral”. Mientras la guerra fue ganada por Occidente, Hussein fue asesinado, e Irak pasó a ser “liberado”, pero: ¿dónde se encontraban las armas de destrucción masiva que atacarían a Occidente en cualquier momento? Después de que medios hegemónicos censuraran a voces disidentes del discurso de la Casa Blanca, ¿cuál fue la explicación para las mentiras en contra de Irak y la censura de la verdad por Occidente? Ninguna. Julian Assange es uno de los presos políticos más golpeados por este evento, con más de una década sufriendo persecución por parte de los EE.UU.

En realidad, después de desmentir las acusaciones infundadas, Occidente comenzó a justificar la intervención con “llevar democracia y libertad” a Irak. Sin embargo, estos mismos mitos utópicos imperialistas fueron llevados a Irak por medio de la tortura sistemática, la mentira y la muerte.

Laboratorios biológicos en Ucrania

Después de convertirse en una colonia informal de la OTAN, Ucrania se encuentra bajo la intervención rusa, dirigida a la supuesta “desmilitarización” y “desnazificación” del territorio, en palabras de Putin. Occidente ha legitimado y convertido a milicias y gobernantes nazis en héroes: "los nuevos luchadores por la libertad", una acción históricamente muy violenta. Por su parte Rusia anunció que Estados Unidos y sus aliados estaban detrás de la financiación de más de 30 laboratorios de armas químicas y biológicas, contando con instalaciones de investigación con sedes en Kiev, Járkov, Jerson, Lvov, Odesa y Poltava, entre otras ciudades, contando con financiamiento directo de cientos de millones de dólares del Pentágono. La cifra se estima en aproximadamente 200 millones de dólares y la investigación se habría llevado a cabo durante varios años hasta hace poco. Rusia habría obtenido esta información durante el conflicto y exige ahora respuestas a los EE.UU.

La respuesta confusa del gobierno yanqui

La respuesta norteamericana estuvo repleta de contradicciones y discursos ambiguos. La Secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki, comentó en redes que los documentos originales divulgados por Rusia eran “desinformación”, como todo lo que diverge de las narrativas totalitarias de los medios corporativos. Además, como contrapunto, durante una sesión del Comité del Senado, Marco Rubio preguntó a la Vicesecretaria de Estado de EE.UU., Victoria Nuland: “¿Ucrania tiene armas químicas o biológicas?” La respuesta de Nuland -la misma que en el año 2014 estaba distribuyendo “cookies” a los golpistas ucranianos, y que ejecutó injerencia yanqui en el país-, fue que: “Ucrania tiene centros de investigación biológica, nos preocupa que las tropas rusas las controlen. Estamos trabajando con el gobierno ucraniano para prevenir que cualquiera de los materiales de investigación caigan en manos rusas”. Las declaraciones de Nuland confirmaron las sospechas, además de abrir la pregunta de porque Rusia no puede tener esos materiales. Los EE.UU.tienen laboratorios de esta magnitud no solo en Ucrania, sino que existen más de 200 de estos laboratorios en el mundo, extendiéndose por los territorios fronterizos de la OTAN, en el Este de Europa.

Para quienes tiene pensamiento crítico y se informan por fuera del eje de información anglo-norteamericano, debe plantearse la necesidad de la siguiente pregunta acerca de aquellas instalaciones: ¿Cuál es el objetivo de estas instalaciones? Las respuestas deberán ser dadas en breve, la humanidad espera por ellas. Además de esto, después de los rusos y chinos, el Consejo de Seguridad de la ONU también se encuentra planteando la misma pregunta. Como de costumbre, igual que las respuestas de Nuland y Psaki, los EE.UU. continuarán con su retórica falsificadora y contradictoria, pretendiendo imponer sus narrativas en los medios hegemónicos, cimentando la busca por la verdad.

Los EE.UU. tienen una continuidad histórica con el desarrollo de este tipo de instalaciones. Después de la Segunda Guerra Mundial, el país llegó a gastar más de 250.000 yenes -varios millones de dólares en aquella época- para adquirir armas biológicas y químicas del terrible imperio neocolonial de Japón. 30 años después de aquella compra, el número de laboratorios en territorio estadounidense subieron en un 750%. Después de presiones internas sin precedentes, los EE.UU. prohibieron la construcción de laboratorios en suelo estadounidense y como consecuencia, llevaron estas instituciones y centros de investigación a otros países. Después del traslado de estos laboratorios, se dieron una serie de filtraciones ligadas a esos laboratorios de los EE.UU. en países terceros como Ucrania, Corea del Sur, Kazajstán y Georgia. El blindaje mediático hace que sea difícil encontrar una cobertura digna sobre estos acontecimientos de extrema importancia.

¿Quién los financió?

El computador abandonado de Hunter Biden mostró su influencia personal en el entramado, porque parecen apoyar las alegaciones por parte de Rusia: “el hijo del Presidente de EE.UU. se encuentra envuelto en el financiamiento de laboratorios biológicos en Ucrania”. Además, Hunter Biden estaría a la vanguardia del desarrollo de patógenos. Biden ayudó a concentrar millones de dólares en el financiamiento de la empresa Metabiota, un emprendimiento del Pentágono, especializado en la investigación de patógenos que podrían ser utilizados como armas biológicas. El hijo del presidente y sus socios en la empresa Rosemont Seneca también invirtieron USD 500.000 en el emprendimiento. Más de un documento sugiere que el interés de Metebiota en Ucrania no se concentraba únicamente en la investigación, sino también en la generación de utilidades. Otro memorando demostraba que Biden había lanzado un “proyecto científico” entre Metabiota y Burisma, la empresa de gas natural en la cual Biden ganó millones de dólares como miembro de su consejo directivo.

Algunos medios occidentales refutaron las alegaciones como propaganda rusa, destinada a justificar el ataque militar de Moscú a Ucrania. Las alegaciones fueron ignoradas o ridiculizadas, sin siquiera tomarlas lo suficientemente en serio como para exigir una declaración del gobierno de EE.UU. La denuncia encontró respuesta, cuando en octubre de 2020 el New York Post divulgó una historia que alegaba tráfico de influencias en el exterior por la familia Biden, citando correos electrónicos obtenidos de una computadora que Hunter había abandonado en una oficina de Delaware. La divulgación de la investigación fue bloqueada en los medios, en donde el artículo del New York Post fue censurado. Así, el furor original fue silenciado apenas algunas semanas antes de que Biden fuese elegido presidente. Mientras tanto, la semana pasada, el New York Times admitió que el laptop y su contenido eran auténticos.

Los registros gubernamentales muestran que Metabiota recibió un contrato del Pentágono por la suma de USD 18,4 millones. Los correos electrónicos demostraron que Hunter Biden alegó que había ayudado al contratista a “conquistar nuevos mercados”, incluyendo agencias gubernamentales. La prensa asegura que los correos electrónicos entre Hunter Biden y sus socios comerciales sobre la empresa ucraniana Burisma, y otros negocios en el exterior fueron “autentificados” por “fuentes familiarizadas” con la correspondencia y la investigación fiscal. Mientras tanto, a diferencia de Saddam Hussein, los EE.UU. son los que ahora poseen armas que podrían provocar la destrucción de otro país en cualquier momento. Los medios occidentales, que habían transformado a la imagen de Hussein en una especie de anticristo, no levantaron sus voces hacia la crítica o incluso el cuestionamiento de los “experimentos” norteamericanos, mostrando su clara tendencia política. Una vez más, queda en evidencia que el imperialismo yanqui representa la mayor amenaza a la seguridad mundial.

 

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