La socialdemocracia y el conflicto en Ucrania: un deja vú de 1914

eSSpaña
Martes 19 de Abril de 2022

“Cuando un potente agresor agrede sin justificación alguna a un vecino mucho más débil, nadie puede invocar la resolución pacífica de los conflictos. Nadie puede poner en el mismo pie de igualdad al agredido y al agresor. Y nos acordaremos de aquellos que en este momento solemne no estén a nuestro lado”. Estas fueron las controversiales palabras de Josep Borrell, socialdemócrata español y actualmente Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, hace algunos días ante el Parlamento Europeo. Simplemente para acentuar lo peligroso de estas palabras, recordemos que Borrell es el máximo representante de la diplomacia europea y el encargado de buscar una solución pacífica al conflicto; bueno, en teoría ese sería su trabajo.

Olaf Scholz, socialdemócrata alemán y actual canciller de este país, secundó las palabras de Borrell frente al Bundestag alemán, insistiendo en la necesidad de aumentar el presupuesto militar hasta un 5% del PIB. Esto representa un deja vú de lo sucedido en 1914, cuando varias facciones del SPD -Partido Socialdemócrata de Alemania- cayeron en la trampa del belicismo imperialista y, contradiciendo su postura previa, votaron a favor de los créditos de guerra. Sin duda, uno de los momentos más grises que recuerde la izquierda europea. Finalmente, para completar este espiral de miopía histórica de la socialdemocracia europea, el polifacético presidente del gobierno español y socialdemócrata, Pedro Sánchez, aprobó el envío de “material militar ofensivo” para la resistencia ucraniana. La izquierda, tropezando por enésima vez en la misma piedra.

Más de 100 años después y frente al conflicto ruso-ucraniano, cuyos motivos no son centrales en el presente análisis, se puede observar cómo las distintas facciones políticas de derecha han encontrado -paradójicamente- en la socialdemocracia y otras agrupaciones cercanas, a su mejor aliado y portavoz. Este frente unitario belicista, como nos lo recuerda el exvicepresidente español, Pablo Iglesias, en su Podcast “La Base”, más temprano que tarde pasará factura y sin lugar a duda, será la izquierda la que pague los platos rotos. Sería ingenuo pensar que las lógicas de partido y sus jerarquías permitirían que una sencilla pero relevante reflexión histórica como la que estamos planteando en este artículo y que se ha planteado en otros espacios, sirva para que lxs hacedorxs de política corrijan el rumbo belicista por el cual están llevando a toda Europa.

Sin embargo, no deja de ser importante que dentro de la misma izquierda, tal como pasó en 1914 con la Liga Espartaquista, existan grupos o facciones críticos con la postura belicista de la socialdemocracia europea, con su doble moral frente a los conflictos internacionales y principalmente con su error estratégico de confabularse en un relato único con la derecha y la extrema derecha. Recordemos que el conflicto en Ucrania -con Rusia por una parte y Occidente con la OTAN por otra- representa la más reciente de las guerras imperialistas que se libran alrededor del mundo. No es que la izquierda esté opuesta siempre a la guerra -constan las luchas históricas e innumerables de los pueblos del mundo por su liberación del yugo colonial e imperial- sino que la verdadera izquierda internacionalista se opone a cualquier guerra de carácter imperialista.

Las palabras de Karl Liebknecht en rechazo a los créditos de guerra aprobados por el Reichstag alemán en 1914 deben ser actualmente una voz de alerta para la izquierda. Liebknecht dijo “el enemigo principal está en el propio país”. No basta con identificarlo, sino con denunciarlo cada día, aún más en los tiempos y en la coyuntura en la que vivimos. Es necesario desmarcarse del relato belicista imperialista impropio de la izquierda, de la verdadera izquierda. Lxs que hoy apoyan al gobierno de España y a su decisión de equipar militarmente a la resistencia ucraniana, son lxs que ayer recibían el financiamiento ruso para sus campañas xenófobas, ultranacionalistas y racistas. Averigüese cómo le fue al político italiano Matteo Salvini en Polonia, en un intento desesperado por presentarse como un defensor de la soberanía de Ucrania, cuando no mucho tiempo atrás posicionaba a Putin como un referente de la política.

En fin, tanto en 1914 como 2022, la misma piedra y la misma socialdemocracia útil para la derecha y la industria belicista. El desenlace nos lo podemos imaginar todxs. Si nuestros gobernantes dejaran de comulgar con ese principio que dice “Si vis pacem, para bellum” -Si quieres la paz, prepárate para la guerra-, y en vez de ello, como lo insistía constantemente el comunista e intachable político español Julio Anguita, construyeran más canales que permitan el entendimiento dentro de las diferencias, este conflicto sería seguramente diferente. Muy diferente.

 

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