La misoginia de Lasso y el Estado patriarcal son alianza criminal

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Miércoles 16 de Marzo de 2022

Como había anunciado -inclusive antes de su candidatura a la presidencia- la noche del 16 de marzo, Guillermo Lasso efectivizó su veto parcial a la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en Caso de Violación. La guerra avisada que Lasso está ejecutando contra las niñas, mujeres y disidencias, es una guerra que él personifica en este momento puntual de la historia, pero que en realidad lleva más de 10 siglos imprimiéndose sobre los cuerpos femeninos y feminizados. El terror a la autonomía de los cuerpos de las mujeres y diversidades sexo-afectivas, ha abanderado la lucha ultra conservadora de la iglesia católica y protestante desde la acumulación primitiva como elemento fundacional de la misma, y ahora se manifiesta en el país, con un presidente miembro de la secta ultrista del Opus Dei. No podemos olvidar el contexto en que se plantea este veto parcial: la restauración neoliberal, un momento de re-acumulación primitiva, que profundiza y perfecciona los mecanismos de explotación, opresión y cosificación de las personas, con una especificidad clave sobre los cuerpos de las mujeres y disidencias.

Es de vital importancia remarcar con énfasis que en esta guerra avisada, morirán miles de niñas, mujeres y disidencias, privadas de un acceso justo y reparador a un derecho reconocido por la Corte Constitucional. El veto parcial de Lasso incluye 61 objeciones a la ley, que finalmente tienen la intención de construir una ley revictimizante, que deje por fuera del acceso al derecho al aborto por violación a la gran mayoría de sobrevivientes, sobre todo las niñas, las mujeres rurales y disidencias. Los tres puntos más preocupantes hacen referencia a los plazos definidos, que como principio legal son incongruentes, en cuanto la causal violación ya es una excepción en sí misma. Ningún país que ha despenalizado el aborto por violación ha generado una ley que imponga plazos; este sería un precedente negativo a nivel internacional.

Por otro lado, el Ejecutivo intenta reivindicar el derecho a la objeción de consciencia del personal médico, sin reconocer que en la misma Constitución se establece que este derecho solo puede ejercerse si este no impide u obstaculiza el acceso a otros derechos a terceras personas. De no garantizarse personal médico en la capacidad y voluntad de facilitar el acceso al derecho de aborto por violación, nos vamos a enfrentar a múltiples casos en que niñas, mujeres y disidencias no logren acceder a un derecho reconocido; así como nos vamos a enfrentar, una vez más, a personal de salud temeroso de la persecución y criminalización social de no tomar una posición antiderechos, generando más bloqueos al acceso al aborto por violación. Este punto es contundentemente regresivo.

Una tercera observación preocupante es la que plantea el requerimiento de: 1. Una denuncia frente a fiscalía; 2. Una declaración juramentada; o 3. Un examen médico que compruebe la violación. Cualquiera de estos tres requerimientos son revictimizantes, y por otro lado, ponen una nueva barrera de acceso, sobre todo a niñas, mujeres y disidencias que viven múltiples violencias cotidianamente, por parte de familiares y parejas con quienes conviven.

No es que Lasso y su equipo desconozcan la realidad de las niñas, mujeres y disidencias en el país. La realidad es que al Gobierno del Encuentro no le interesan las vidas de las niñas, mujeres y disidencias. Para el capitalismo perverso en su versión neoliberal, nuestras vidas no importan: esta es la necropolítica ejecutada de la manera más irreverente. Inclusive la observación de intercambiar los verbos “garantizar” por “regular” del nombre de la ley denota la intención represiva del presidente, en contra de los cuerpos femeninos y feminizados en el Ecuador.

La Asamblea Nacional tiene 30 días para acoger las observaciones o ratificarse en el texto de la ley aprobada –ya mutilada frente a la propuesta original-. La democracia burguesa queda intacta. Recordemos que el Estado es un instrumento de clase, y que el Estado es capitalista, patriarcal, colonial y especista. Lasso y la oligarquía en el centro del poder político, se sirven de la democracia burguesa para someter a todo el pueblo y la clase trabajadora en general, y a las niñas, mujeres y disidencias en particular.

Tengo la esperanza firme en que la respuesta feminista y transfeminista logre capitalizar el dolor y la rabia que abrasan nuestrxs cuerpxs desde hace siglos. Quemémoslo todo, que no quede nada. Solo de las cenizas del viejo mundo podremos construir nuestro mundo nuevo, que no solo es posible, sino necesario y urgente.

 

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