Las entrañas de la bestia: la fábrica de dinero en el capitalismo desquiciado (IV)

Las entrañas de la bestia (IV)
Miércoles 4 de Mayo de 2022

El siguiente texto sirvió de base para las presentaciones del libro “Las entrañas de la bestia. La fábrica de dinero en el capitalismo desquiciado, en abril de 2022, por nuestro compañero Alfredo Apilánez. El texto se divide en cuatro partes, comenzando por la introducción y síntesis de las tesis centrales, seguido por una aproximación teórica, histórica y política a las tesis presentadas. En la tercera entrega, se presenta una crítica al escenario actual, mediado por una caracterización del momento histórico neoliberal; y la cuarta entrega aborda el fascismo financiero y plantea una propuesta política como solución a la dictadura del capital.

Propuesta política de lo «extraordinario» y extinción monetaria

Ahora viene lo más arduo, el ¿qué hacer?, más complejo y desalentador que nunca, dado el marasmo actual, fruto de la extinción del asaltar los cielos por parte del Príncipe del proletariado (el Partido Comunista). La inferencia lógica de la irreformabilidad del sistema como consecuencia del capitalismo desquiciado sería la necesidad de la ruptura con la lógica del capital y con el estatismo socialdemócrata -la política de lo ordinario-. El filósofo marxista John Holloway define la política de lo extraordinario: “para mí lo central de una política de lo extraordinario es la ruptura: ruptura con la lógica del capital. La ruptura siempre va a ser contradictoria (blanco y negro, no gris). Nuestro problema es por consiguiente cómo salir de lo ordinario. Cómo pensar en lo extraordinario”. La gran pregunta política actual, en palabras de Holloway, sería: ¿Cómo convertir la rabia contra el sufrimiento innecesario en esperanza?

Dada la ímproba dificultad de encontrar respuestas en el marasmo actual, sólo podemos proponer atisbos de posibles estrategias para canalizar la rabia hacia cauces emancipadores. La clave para que tales atisbos den un salto cualitativo es superar el aislamiento y el ensimismamiento en pos de lo que Miquel Amorós denomina “trascender las lindes del enclave”:la capacidad de vivir afuera tendría la virtud por un lado de dificultar la reproducción de las relaciones sociales dominantes, fomentando la sociabilidad y frenando el individualismo; por el otro, el proporcionar una buena logística a la defensa del territorio. Sin embargo, para trascender las lindes del enclave, o sea, para generalizarse, haría falta pasar a la ofensiva, invadir a gran escala el espacio dominado por el capital. Sería necesaria una verdadera revolución. Ese es el dilema del que tratan de escapar quienes recurren a ‘asaltar los suelos’ legalmente en pro de una rectificación política y ambientalmente ‘sostenible’ del capitalismo global”.

¿Cómo se organizaría la economía de esa sociedad racional y qué papel tendría el dinero?

En una sociedad racional, el dinero deja de ser la métrica del valor cuando la productividad del trabajo humano ha superado el umbral que permite instaurar la sociedad de la abundancia, proporcionando una vida austera aunque sin privaciones para todxs y eliminando de raíz el sufrimiento innecesario, a la vez que se preserva el metabolismo natural. Si no hay necesidad de medir el valor con el trabajo, el dinero deviene superfluo. Como expresa el Marx utópico de los Manuscritos de 1844: “tan pronto como el trabajo, en su forma inmediata, ha cesado de ser la gran fuente de la riqueza, el tiempo de trabajo deja, y tiene que dejar, de ser su medida y por tanto el valor de cambio deja de ser la medida del valor de uso”.

Se trata en definitiva de la superación del reino de la mercancía, que reduce la riqueza humana a lo económico. El filósofo Istvan Meszaros da una somera descripción de esta sociedad de la abundancia: “la realización verdadera de la sociedad de la abundancia requiere la reorientación del proceso reproductivo social de tal modo que los bienes y servicios comunalmente producidos puedan ser plenamente compartidos – y no desperdiciados de modo individualista – por todos aquellos que participan de la producción y el consumo directamente sociales (…) No obstante, aunque la plena realización de esa visión –que postula la necesidad de una transformación global– tardará un tiempo muy largo para ocurrir, los pasos prácticos necesarios para avanzar pueden ser dados (en el “aquí” y “ahora”) por cualquier sociedad, incluso en una situación relativamente limitada, sin esperar a la reversión radical de las relaciones de poder existentes entre el capital y el trabajo a escala global”.

Un mundo sin dinero no es por tanto un proyecto utópico, sino la única alternativa realista a la carrera hacia el abismo a la que nos aboca el reino del capital. He aquí la sustancia de una sociedad racional: las capacidades y las necesidades, parafraseando la luminosa sentencia marxiana, al servicio de la consecución de la riqueza real, la no enajenada por la sujeción a la "cárcel de cosas" que constituye el reino de la mercancía.

Paradójicamente, el capitalismo desquiciado involuciona en pos de la extinción monetaria: el dinero desaparece bajo una montaña de deuda y de productos de ingeniería financiera creativa en la nebulosa del casino global: el capital -invirtiendo la relación clásica que instauró un nuevo modo de producción- se desubstancia en dinero.

El dilema comunismo o barbarie nunca ha sido más candente, pero por ahora, qué duda cabe, la cosa no pinta nada bien. La degradación acelerada de la sociedad humana bajo el capitalismo desquiciado abre el espectro de oportunidades, pero la historia puede también proseguir por su lado malo. Anselm Jappe lo expresa vívidamente: “lo que se vislumbra tiene más bien el aspecto de una barbarie a fuego lento, un sálvese quien pueda. Antes que el gran crack, podemos esperar una espiral que descienda hasta el infinito, una demora perpetua que nos dé tiempo para acostumbrarnos a ella, como en la fábula de la rana y el agua caliente. Seguramente asistiremos a una espectacular difusión del arte de sobrevivir de mil maneras y de adaptarse a todo, antes que a un vasto movimiento de reflexión y de solidaridad, en el que todos dejen a un lado sus intereses personales, olviden los aspectos negativos de su socialización y construyan juntos una sociedad más humana". Ojalá se equivoque.