Las entrañas de la bestia: la fábrica de dinero en el capitalismo desquiciado (II)

Las entrañas de la bestia (II)
Miércoles 27 de Abril de 2022

El siguiente texto sirvió de base para las presentaciones del libro “Las entrañas de la bestia. La fábrica de dinero en el capitalismo desquiciado, en abril de 2022, por nuestro compañero Alfredo Apilánez. El texto se divide en cuatro partes, comenzando por la introducción y síntesis de las tesis centrales, seguido por una aproximación teórica, histórica y política a las tesis presentadas. En la tercera entrega, se presenta una crítica al escenario actual, mediado por una caracterización del momento histórico neoliberal; y la cuarta entrega aborda el fascismo financiero y plantea una propuesta política como solución a la dictadura del capital.

Desarrollo de las tesis en tres partes: teórica, histórica y política

Dimensión teórica

Para comprender cabalmente la naturaleza del dinero y la deuda -su hijastra- en el capitalismo desquiciado, la mejor manera es comenzar por desvelar las falacias que propala la música celestial de la ortodoxia económica, con mando en plaza en todos los tabloides y cenáculos académicos. El discurso de los espadachines a sueldo del capital se basa en considerar el dinero como un velo, como algo insignificante, recluido en la circulación, un mero lubricante de los intercambios creado por el banco central, alejándolo de la sala de máquinas de la acumulación y de la deuda del puro aire. En cuanto a la deuda, toda la construcción neoclásica se basa en ocultar el papel real del sistema bancario como generador de deuda “del puro aire”: para la ortodoxia, los bancos son meros intermediarios financieros que canalizan el ahorro hacia la inversión.

En realidad el dinero y la deuda -lejos de ser elementos insignificantes o meros lubricantes de la circulación- son aspectos neurálgicos de la acumulación de capital. Como reveló Marx, el dinero representa la encarnación del poder social en manos privadas, es decir, el poder de los que lo crean -la fábrica de dinero- del puro aire e inyectan en el circuito económico sobre los que sólo tienen su fuerza de trabajo para conseguirlo. El dinero en su nueva determinación como capital, se crea como deuda para obtener más dinero mediante la explotación; tal es la esencia del capitalismo explicada por Marx. ¿Qué mayor poder puede haber que crear el dinero -nada menos que la base del tejido social-del puro aire? Y esta es precisamente la condena del capital al agotamiento de sus fuentes nutricias: el trabajo muerto, sedimentado en la maquinaria, crece en relación con el trabajo vivo, la única fuente de plusvalor. De ahí la creciente atonía del capital, su degradación. En palabras de Marx: “recordemos que el capital es dinero que se valoriza a sí mismo a través del trabajo humano –precisamente el trabajo humano que no es pagado”.

¿Quiénes crean el dinero y la deuda, pilares de la fábrica de dinero, y cómo se ha ido adaptando su estructura a la evolución declinante de la acumulación?

Los ejemplos de la colosal burbuja inmobiliaria que reventó en 2008, impulsada por la desaforada creación de deuda por parte de la banca privada y, a continuación, el papel de salvador del casino financiero global que adoptó la Reserva Federal de EE.UU. con la taumatúrgica política de “relajamiento cuantitativo” ilustran vívidamente la función capital de los dos pilares de la fábrica de dinero: la banca central es la “mamporrera” del poder financiero global. En resumen, la banca es el motor de la actividad económica, a través de la creación ilimitada de deuda, y el banco central pone la infraestructura pública para sostener el entramado y rescatarlo cuando colapsa.

Si hubiera que elegir un símbolo de la entronización de la fábrica de dinero sería la independencia de la banca central -una privatización encubierta-, que prohíbe la financiación directa a los estados y les obliga a depender de los mercados para su financiación -un golpe de Estado limpio e incruento que amputa la soberanía nacional- a la vez que asegura el vasallaje de la banca central ante la banca privada en su papel de prestamista de última instancia, que no es otra cosa que salvamento permanente.

Así pues, la clave de bóveda de la reacción de la gobernanza del capital global ante los sombríos augurios que anunciaban el ocaso, fue la progresiva entronización de la fábrica de dinero a la cúspide de la gestión de la acumulación. Nunca antes en la historia del capitalismo la banca central se había convertido en el eje neurálgico de la gobernanza del capital y en el salvador del sistema de sus propias e insolubles contradicciones. El mediático Thomas Piketty explica esa aparente omnipotencia: “la fuerza de los bancos centrales radica en que pueden redistribuir la riqueza muy rápidamente, en principio en proporciones infinitas. Si fuera necesario, un banco central puede, en el lapso de un segundo, crear tantos miles de millones como desee y depositarlos en la cuenta de una institución o de un gobierno. En caso de urgencia absoluta (pánico financiero, guerra, catástrofe natural), esta inmediatez y carencia de límites para la creación de dinero son dos de sus ventajas irreemplazables”.

En realidad, la función de la fábrica de dinero es inflar el casino global pero esta es incapaz de impulsar la rentabilidad del capital. Mientras tanto, la desigualdad, la polarización social, el endeudamiento astronómico y la impotencia de las políticas públicas campan por sus respetos. Andrés Piqueras describe esta respiración asistida que va aumentando la toxicidad del capital: “de hecho, lo único que ha permitido la continuidad del consumo desde los años 70 del siglo XX. en los países ricos ha sido el crédito bancario, o, visto desde el otro lado, el endeudamiento masivo y creciente -tanto de particulares como de empresas y Estados-”.

Dimensión histórica

A partir de la tesis neurálgica -la evolución de la fábrica de dinero y la masiva inyección circulatoria en forma de deuda privada creada del puro aire son los “marcadores” de la degradación del capital- se entiende la evolución histórica de la fábrica de dinero.

Se trata de iluminar la evolución de la fábrica de dinero como una progresiva liberación de las ataduras monetarias -patrón oro- y de las restricciones institucionales hacia la completa apertura de compuertas que culminan en la privatización de la banca central, su papel de prestamista-salvador de última instancia, la prohibición de financiar al estado y la desmaterialización completa de la generación de deuda bancaria tras el Nixon Shock. Estos son los motores que propulsan la hipertrofia del casino financiero global y de la formación de gigantescas burbujas de activos como la que estalló en 2008. Podríamos afirmar por tanto que los dos propulsores financieros de la acumulación culminaron su metamorfosis, coincidiendo con el inicio de la contrarrevolución neoliberal tras el agotamiento del milagro económico de los treinta gloriosos de la posguerra. Como dice Alejandro Nadal: “el neoliberalismo es la respuesta a un fracaso de proporciones históricas: la incapacidad del capital de mantener tasas de ganancia adecuadas. La explosión de la deuda y del casino global son los amortiguadores de ese fracaso”.

Los dos principales hitos de este recorrido histórico de construcción de la fábrica de dinero moderna son la fundación de la Reserva Federal de EE.UU. -primer banco central moderno- en 1913, inicio de la hegemonía yanqui y del turbo capitalismo de la segunda revolución industrial, que propulsa la primera gran burbuja financiero-hipotecaria de la historia que estalla en la gran crisis de 1929. En segundo lugar, el Nixon Shock de 1971-la desmaterialización completa del dinero al desvincular el dólar y el oro definitivamente-, que da el pistoletazo de salida de la hegemonía neoliberal-monetarista y culmina en la gigantesca burbuja que estalla en 2008. De este somero recorrido se deduce la confluencia de la pérdida de dinamismo de la acumulación y la decadencia del hegemón, frenada únicamente por el privilegio exorbitante que financia la máquina de guerra del Pentágono.

Mencionar por último de pasada otro hito de este proceso: la creación del BCE, el lacayo europeo fundado como una copia depurada de la FED y aquilatado modelo de los sacrosantos principios neoliberales de la independencia y la obsesión inflacionaria -su único mandato-.

Implicaciones de la reconfiguración del capitalismo desquiciado por la fábrica de dinero

Actualmente, las crisis son más recurrentes y cada vez más explosivas tras la aparatosa explosión de las burbujas de activos. Un caso ejemplar representa el cambio de paradigma en la matriz de rentabilidad del sistema hacia la explosión del casino global que llevó a la hecatombe de 2008.

Otra consecuencia central reside en el rentismo y la decadencia productiva: una gran parte de la riqueza social se dilapida en la expropiación financiera y en engrosar las arcas de los que se enriquecen mientras duermen, los principales beneficiarios del nuevo paradigma rentista e improductivo. Lo anterior genera una acusada escisión social entre la clase rentista y los asalariados no propietarios, que se superpone a la clásica entre explotadores y explotados.

Nos encontramos atravesando por una degradación moral y sociopolítica: Marx describe la diferencia esencial entre el préstamo productivo y el personal, entre el préstamo entre capitalistas y la expropiación financiera masiva que sufren los obreros que caen en la “cadena de oro” de la deuda:”la caja de ahorros es la cadena de oro con la que el gobierno sujeta a una gran parte de los obreros. Éstos no sólo están así interesados en el mantenimiento de las condiciones existentes. Los obreros ponen así en manos de sus propios enemigos armas para conservar la organización existente de la sociedad que los oprime”. Adicionalmente, se consuma un golpe frontal a las finanzas públicas, al cercenar la capacidad financiera del estado y ponerla en manos de los tiburones financieros que lo financian.

Se dibuja una creciente externalización productiva y un expolio del Sur global, mediante el ajuste duro fondomonetarista y la “trampa mortal” de la deuda externa. Este escenario se desarrolla a la par de una agudización de los conflictos interimperialistas. debido a la decadencia del hegemón como queda de manifiesto en la actual “voladura controlada” de la geopolítica global en curso a partir de la guerra de Ucrania. Adicionalmente, el capitalismo desquiciado nos está llevando a un verdadero ecocidio, un choque violento de la sociedad humana con los límites biofísicos -lucha por los recursos y financiarización creciente de la naturaleza- del planeta.

La situación actual que emerge de este panorama es lo que podríamos calificar como una emergencia permanente: cualquier posibilidad de retorno a una política monetaria acomodaticia es una entelequia. La pandemia y la guerra en curso no son por tanto más que hitos en esta espiral degenerativa provocada por la degradación del capital y agravada por el ecocidio y las luchas interimperialistas.