Las entrañas de la bestia: la fábrica de dinero en el capitalismo desquiciado (I)

ENTRAÑAS_DE_LA_BESTIA_I
Martes 26 de Abril de 2022

El siguiente texto sirvió de base para las presentaciones del libro “Las entrañas de la bestia. La fábrica de dinero en el capitalismo desquiciado, en abril de 2022, por nuestro compañero Alfredo Apilánez. El texto se divide en cuatro partes, comenzando por la introducción y síntesis de las tesis centrales, seguido por una aproximación teórica, histórica y política a las tesis presentadas. En la tercera entrega, se presenta una crítica al escenario actual, mediado por una caracterización del momento histórico neoliberal; y la cuarta entrega aborda el fascismo financiero y plantea una propuesta política como solución a la dictadura del capital.

 

La sociedad capitalista es una sociedad que corre hacia el abismo, desde todos los puntos de vista, porque no es capaz de autolimitarse”

Cornelius Castoriadis

Punto de partida

El punto de partida político-moral del texto sería la intención de dotar de contenido “racional”, desde una perspectiva materialista, a una idea básica, sintetizada en esta cita de John Berger: “La precondición para pensar políticamente a escala global es reconocer la unidad del enorme sufrimiento innecesario que se vive actualmente en el mundo. Este es el punto de partida”. Lo anterior fundamenta el objetivo principal del que parte el texto, que no es otro que construir una explicación de la paradoja que encierra el “sufrimiento innecesario”:

Nunca antes en la historia humana ha sido mayor la brecha entre, por un lado, la capacidad potencial de producir bienes y servicios para proporcionar un nivel de vida digno a todos los seres humanos, con tecnologías y recursos sostenibles ecológicamente y, por otro, las deplorables condiciones de vida de una gran parte de la población mundial en un contexto de destrucción acelerada del medio natural. Antonio Turiel elabora con una claridad meridiana la factibilidad de esta sociedad de la “abundancia” y del tiempo libre: Es técnicamente factible garantizar un estándar de vida similar al que actualmente se disfruta en Europa con un consumo energético y material diez veces inferior al actual, a través de cambios en el estilo de vida y la implementación de tecnologías apropiadas. Si no se adoptan estos cambios es porque el cambio del sistema social se considera imposible por cuanto comporta el abandono del capitalismo”.

Ni que decir tiene que el responsable principal de este abismo entre la capacidad cierta de transitar hacia una sociedad racional y la realidad de miseria, devastación bélica y ecocidio que presenciamos en la actualidad es la progresiva degeneración de un sistema social que organiza la vida en torno a lo económico. Esta organización social basa al valor de cambio de los frutos del trabajo generado a través de la explotación de la mano de obra y representado en el objeto por excelencia: el dinero.

Santiago Alba Rico expresa de forma rotunda la misma conclusión: “Un sistema que, cuando no tiene problemas, excluye de una vida digna a la mitad del planeta y que soluciona los que tiene amenazando a la otra mitad, funciona sin duda perfectamente, grandiosamente, con recursos y fuerzas sin precedentes, pero se parece más a un virus que a una sociedad. Puede preocuparnos que el virus tenga problemas para reproducirse o podemos pensar, más bien, que el virus es precisamente nuestro problema. El problema no es la crisis del capitalismo, no, sino el capitalismo mismo”.

A partir de este enfoque general, la pregunta a la que trata de responder el libro sería: ¿Qué papel ha tenido la fábrica de dinero -las entrañas de la bestia- en la degradación del capitalismo y qué consecuencias se derivan de su creciente relevancia en la gobernanza del capital?

Tesis del libro en forma de silogismo

La premisa inicial se refiere a que la naturaleza del dinero y la deuda creados del puro aire y el ascenso de la fábrica de dinero a la cúspide de la gobernanza del capital global son las respuestas -los anticuerpos- a la degradación del sistema de la mercancía. El capitalismo cada vez es menos capaz de reproducirse según sus propias categorías y adquiere un carácter crecientemente depredador a medida que el poder de las instituciones monetarias aumenta para paliar ese declive mediante la respiración asistida de la deuda y el casino financiero. Andrés Piqueras explica el motivo principal de esta degradación del capital: “La automatización de los procesos productivos no sólo ha ido desechando seres humanos de los mismos, condenándolos a un desempleo crónico o a un empleo cada vez más precario, sino que va reduciendo el plusvalor (“la sangre” del sistema). En consecuencia, el sistema se va gangrenando. Pero lejos de intentar alguna cura, hoy asistimos a su loca huida hacia adelante (algo así como si a quien le diagnostican un mal grave decidiese irse de copas y comilonas todos los días)”.

La segunda premisa central parte de que el “daño colateral” más importante es la destrucción del papel regulador-redistribuidor del Estado y la consiguiente extinción del papel del reformismo socialdemócrata a manos del fascismo financiero: el sistema es irreformable.

Concluyendo de las dos premisas iniciales, se deriva la necesidad ineludible de la ruptura con la lógica del capital y con la ilusión estatista de la izquierda institucional: la política de lo extraordinario y la extinción monetaria.