Christian González: el bello, el mijín, el mijares, el mijtrín

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Miércoles 18 de Diciembre de 2019

Lo conocí hace unos quince años más o menos. Chupando, como se hacen algunas amistades de las buenas. Era una de las mejores malas compañías en ese tiempo en que uno no sabía qué mismo hacer de la vida. Tenía esa chispa sureña de los habitantes de Solanda: mezcla de patán de barrio con aliño de ternura mestiza. Ni bien empezaba a hablar ya uno sonreía. En su conversación se confundían relatos de estudiante de psicología, las novias que lo dejaban por mijares, temas políticos de coyuntura y pizcas de teatro popular. Pero lo que más nos llamaba la atención era su desparpajo al usar términos hasta entonces desconocidos por quienes nos considerábamos sus amigos:

-Qué fue, mijín. Qué del putas, mijares. ¡Qué beeello! Ya nos vemos, mijitrín.

 

Era de Solanda, y al parecer – tema de investigación – esos términos tan coloquiales salieron de la calle La J, lugar comercial donde uno encuentra de todo. Desde ese entonces, el bello nos contagió con su alegría. No es que sea bello, por si acaso, más bien feíto, pero la forma en que expresaba el adjetivo bello para usarlo libremente y a referirse a los temas del bien y del mal nos maravillaron. Bello, era el amigo o desconocido que tenía algún detalle con los panas, y bello podía ser el tipo o el político que se mandaba alguna estupidez: ¡Más bello el Lucio!, ¿no? Que también significaba: más hijo de puta, ¿no?

 

Las conversaciones y anécdotas fueron tantas y tantas con el bello: siempre con norteño a la mano, una cajetilla de marlboro fiada, un faso de vez en cuando, de vez en siempre, una guitarra vieja que te acompaña del Frank Pacheco, los chistes escatológicos del Bladimir Centeno, el 40 dos por shunsho de lunes a viernes, las risas del peinadito y de las demás panas que siempre se burlaban de nuestro machismo en do mayor. Y bueno, cada uno siguió su vida y se fue construyendo sus propios infiernos. Aleluya, amén.

 

Con el pasar de los años lo veía muy de vez en cuando siendo parte de proyectos sociales, incluso haciendo de payaso para divertir a los niños. A veces me lo topaba en alguna manifestación, protestando contra los de siempre. ¡Qué fue bello! ¡Hable mijitrín! Y el pueblo unido jamás será vencido y únete pueblo, únete a luchar, y ¿qué se necesita para ser chapa? Y así. Me imagino que soñaba en que algún día los mijines pobres se rebelen contra tanto sátrapa que nos gobierna y que ahí sí el mundo sería bello.

 

La última vez que nos encontramos fue justamente cuando inició el paro, un jueves de octubre si mal no recuerdo. Nos encontramos cerca de la pileta de la Universidad Central, y lo vi más viejo, más alto incluso -o acaso me estoy achicando- más mijín que nunca: con esa misma vitalidad de siempre. Saludamos, nos reímos unos cuántos segundos y hasta pronto bello, hasta la victoria siempre, mijín, jajaja.

 

No sabía de su filiación política hasta que su nombre salió en la prensa. Arrestado por supuestamente ser parte de un posible golpe de Estado y llamadas con la Prefecta y mensajes de miles de dolaritos donados para la causa correísta. Resultaba obvio. No quedaba más que reírse del montaje que le armaron. Quienes lo conocemos, sabemos que jamás se metería en esos rollos: un mijitrín con conciencia social como es el bello, nunca. Después, vino la rabia al darnos cuenta que este gobierno de última es capaz de todo.

 

Siempre cuestioné duramente al gobierno de Correa por la persecución a luchadores y movimientos sociales, a los 10 de Luluncoto y demás. Pero uno no puede caer en la trampa de la venganza política y “bienechito para que vean lo que se siente.” Moreno, su fiscal de alquiler y sus medios pautados lo están haciendo con saña. Eso lo llega a notar hasta la persona más despistada.

 

Estás preso injustamente, bello. Pero no estás solo. Los miles de mijines que te conocemos estamos con vos. Algún momento se les cae la parrilla a éstos miserables y volverás a luchar por tus ideales. Te forjarán pruebas, se inventarán ridículos hechos que nunca pasaron, pero esta farsa vergonzosa de la Fiscalía y el miedo de los jueces por la chambita se terminará más temprano que tarde.

 

Y cuando salgas, una de norteño te esperará con los mijitrines que compartieron contigo el más desfachatado verbo, alcohol baratier, risas y tantas amanecidas de sureño pobre. Estamos con vos, bello, con vos estamos.


Un abrazo que traspase las paredes de la infamia, hermano, bello, mijín, mijares, mijitrín.

 

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