Sumak Kawsay: ¿contradicciones?

SK
Martes 12 de Febrero de 2019

En la última década, el Sumak Kawsay, entendido como proyecto civilizatorio alterno al moderno-capitalista, ha ido cobrando fuerza entre cierto sector de la izquierda latinoamericana y poco a poco se ha convertido en el paradigma que ha ido encerrando la propuesta política de los pueblos originarios, especialmente en países como Ecuador y Bolivia.

El Sumak Kawsay aparece producto de investigaciones entre los pueblos originarios y se ofrece como síntesis de nuestra propuesta, la misma que ha sido levantada desde investigadorxs mestizxs, antes que de miembros de los pueblos. Lo cual no quiere decir que los intelectuales indígenas no hayan hecho aportes en la construcción de este paradigma. Pero en el debate, al menos en el caso ecuatoriano, se percibe al Sumak Kawsay como algo todavía en construcción, pendiente de debate y sobre todo de reflexión propia desde lxs intelectuales indígenas.

A muy breves rasgos este paradigma se sostiene sobre: una relación distinta a la occidental con respecto a la naturaleza, relaciones sociales de poder no jerárquicas sino comunitarias, y la búsqueda de la administración del bien común de manera colectiva. Sobre todo, la relación humanos-naturaleza es la que ofrece mayores posibilidades, en cuanto a la economía y la generación de conocimiento. Causa especial interés, ya que frente a los estragos del capitalismo, el Sumak Kawsay contribuiría a la reproducción de la vida de manera sostenible, no solo de los humanos sino de toda la naturaleza.

Las dudas que me generan algunos de los análisis sobre esta propuesta y la manera de presentarlas, responde a que ésta ha sido levantada por sectores de la izquierda mestiza e indígena. En sus discursos se observa una idealización sobre lo indígena. El Sumak Kaywsay apela a un pasado idealizado, de armonía entre el indígena y la naturaleza, entre los individuos, como una especie de retorno al paraíso perdido. En ese camino, los problemas y las contradicciones al interno de los pueblos originarios al igual que en nuestras comunidades no se hacen visibles. Más bien ha hecho que lxs portavoces, quienes han acaparado la hegemonía de la representación de los pueblos indígenas, lxs invisibilicen (y también de los sectores de izquierda blanco mestizos).

Al interior de las comunidades indígenas existen problemas muy serios. La desnutrición es uno de los principales problemas del país. Los últimos datos de desnutrición señalan que el Ecuador presenta una tasa de desnutrición del 25% (Plan Nacional Toda una Vida). De ese número la mitad, es decir el 50% (Misión Ternura, MIES, 2016) de lxs niñxs con desnutrición son indígenas. Las provincias con el mayor índice son Chimborazo y Bolívar (El Comercio 21/01/2018), las mismas que presentan una población indígena importante.  Lxs representantes de las diversas organizaciones indígenas nunca han presentado y planteado a la desnutrición como un problema, al igual que nunca han demandado soluciones como tampoco han presentado propuestas para su erradicación.

La desnutrición en el discurso de lxs políticxs indígenas no existe, y este fenómeno no solo constituye un problema de salud. Existen otros determinantes que lo único que nos muestran son otro tipo de problemáticas sociales en las comunidades. Por ejemplo, la inexistencia de acceso agua segura y potable dentro de ellas, o la violencia. Estos problemas, dentro de los discursos del movimiento indígena, son de igual manera inexistentes.

Dentro de la discursividad del Sumak Kawsay, el tema del agua se perfila como un punto central y fundamental, sobre todo ante la expansión de la economía extractivista. Pero de la misma manera, una temática de suma importancia es la dotación de agua segura para consumo humano. Esto, en cambio, es responsabilidad de los gobiernos locales, y sobre todo de las juntas de agua, que en el pasado (o quizás hasta ahora) eran mecanismo de control y presión hacia los comuneros por parte de las organizaciones indígenas. En el discurso se habla tanto sobre el cuidado del agua, pero ni en nuestras comunidades hemos sido capaces de asegurar un consumo seguro.

Por otro lado, se idealiza a las comunidades como espacios donde las relaciones de poder son horizontales, o en todo caso existe un ejercicio comunitario del mismo, donde hay relaciones armónicas entre los individuos. La violencia es un problema silenciado e invisibilizado. Existen casos de violencia intrafamiliar, maltrato infantil, abandono infantil, violencia de género, violaciones, embarazos en adolescentes. Estos son problemas latentes en las comunidades. Estos hechos tampoco ocupan un lugar en los repertorios discursivos de las figuras públicas del movimiento indígena.

Estos solo son algunos de los problemas de las comunidades. Seguramente una respuesta que darían estos sectores es que son problemas ajenos a la cultura andina, importados por los colonizadores, culparían al capitalismo y a la modernidad. Otros más afinados dirán que es responsabilidad del Estado. Y sí, lo es. Sin embargo, ¿cual es la responsabilidad de lxs dirigentes en estos temas? Sobre estos puntos ¿qué demandas y propuestas han generado lxs dirigentes? ¿cuál es el proceso organizativo levantado para apalear estos problemas (desnutrición, agua segura y violencia)?

Lxs indígenas debemos hacernos responsables y asumirlos para enfrentarlos, sin querer librar al Estado de su responsabilidad. Sí hay una práctica que hay que rescatar de los pueblos originarios y que está presente desde la colonia y república, ha sido la autonomía, pero no la idealizada sobre el territorio, sino la autonomía frente al Estado. Los pueblos originarios sí estamos aquí es pese al Estado y no gracias a él. Deberíamos rescatar y estudiar las prácticas de autogestión.

¿No será que no se reconocen estos problemas y se los expone en el discurso público porque una consecuencia de ello seria que esa imagen idealizada de lo comunitario indígena y reforzada por el discurso del Sumak Kawsay, se viene abajo?