El Ecuador que quiere Noboa
El Nuevo Ecuador parece estar conjugando la tormenta perfecta. Volvimos a los toques de queda, que más que soluciones integrales y sistémicas, se convirtieron en shows mediáticos de manejo algorítmico de la opinión pública y un experimento de domesticación.
Este año y con justificación expresa del propio presidente, las elecciones seccionales se adelantan al 29 de noviembre de 2026, mientras se proscriben movimientos políticos cada semana, mientras la República Bananera judicializa a defensorxs de territorio y multa con miles de dólares a colectivos ciudadanos.
En el Nuevo Ecuador, la megaminería va de la mano de la militarización interna, aupada por capitales transnacionales y locales como de Silvercorp, parte del Grupo Nobis. Al tiempo de exportar minerales de forma masiva a los Nortes, el Nuevo Ecuador permite deliberadamente que el sector energético nacional colapse, posiblemente para ofrecer su solución preferida: la privatización.
Al iniciar la segunda semana del toque de queda, el Nuevo Ecuador se encuentra cada vez más cerca del abismo. La bukelización de la política nacional, entremezclada con aires de megalomanía a la Donald Trump, desenmascaran al gobierno de turno como un no-proyecto de país, encaminado al saqueo y la imposición de la violencia con fines políticos. La Banana Republic impone el segundo toque de queda del año como ensayo cada vez más drástico de control social y como salvavidas del control del mercado.
Con la nueva política de patio trasero del régimen imperialista por excelencia -EE.UU.- pretende balcanizar el continente para imponer el nuevo paradigma geopolítico del tecnofascismo, el cual se expande por Europa, tras ser ensayado en Palestina. Así, mientras se abren más de 90 nuevos proyectos extractivos con la reapertura del catastro minero, las ganancias se exportan y privatizan mientras las pérdidas se nacionalizan y colectivizan. La aprobación infame del proyecto Cangrejos en El Oro, supone la mina de oro a cielo abierto más grande del Ecuador, y una de las más grandes a nivel mundial. El 27 de abril, a puertas cerradas y sin siquiera contar con licencia ambiental, el proyecto fue aprobado con la firma del contrato a 26 años con la minera canadiense ODIN Mining.
Por su parte el toque de queda representa un nuevo atentado en contra de la cultura, una lógica característica de regímenes autoritarios neoliberales como del Nuevo Ecuador. Con el fin último de construir un Estado que elimine la cultura y el arte, eliminando el Ministerio de Cultura en 2025 e imponiendo el 15% de IVA, refleja nuevamente una visión empresarial corporativa de la gestión de lo público. Según El Comercio, los 15 días de toque de queda le constarán solo a Pichincha 40% de pérdidas económicas para el sector cultural, gastronómico y turístico, afectando a miles de familias que ya han sido golpeadas por otras políticas de este mismo gobierno.
En términos geopolíticos el Nuevo Ecuador se consolida como aliado estratégico del imperialismo yanqui y sus planes en la región, en el momento en que a pesar de ser el exportados número uno de cocaína a nivel mundial y tener denuncias internacionales sobre los vínculos de Noboa con el narcotráfico, no se menciona al Ecuador ni una sola vez en la reconfiguración de la Estrategia Nacional del Control de Drogas 2026, en la cual la el foco es Colombia y México. Adicionalmente, el Hondurasgate develó un plan regional ingeniado por EE.UU. e “israel”, para ejercer injerencia directa en México y Colombia por medio del país centroamericano y el narcotraficante convicto y ex presidente Juan Orlando Hernández.
Audios filtrados revelan la planificación de crímenes de Estado como masacres, torturas, desapariciones y secuestros, que se darían en contra de figuras políticas o movimientos populares, para posteriormente culpabilizar a “los comunistas” de la violencia. ¿Suena conocido? De cualquier manera, a los EE.UU. les conviene tener a narcotraficantes como presidentes de las naciones del Sur.
Puertas adentro las calles de Quito se convirtieron una vez más en escenario de angustia y termómetro del estado del país. La escasez y especulación que se dio este inicio de semana con la gasolina extra en la capital es ejemplo perfecto de cómo funciona el libre mercado. Sí, la liberalización del precio de los combustibles por parte de Noboa el pasado septiembre de 2025 es la causa fundamental de esta crisis.
Por un lado, la destrucción auto inducida de la refinería de Esmeraldas, misma que ha presentado incidentes permanentemente y 3 grandes eventos en un año, siendo el más reciente el 1 de marzo de 2026, ha causado que el Ecuador sea un país productor de petróleo, que no refina derivados. Antes la refinería de Esmeraldas solventaba el 40% del consumo interno, ahora dependemos enteramente del precio y abastecimiento internacional, en un contexto de guerra imperialista contra Irán, mismo que sostiene el sostiene el control del estrecho de Ormuz. Jodidos.
Por otro lado no existe ningún control del mercado por parte del Estado, esto junto con el abastecimiento irregular de combustibles, genera las condiciones para la especulación, creando las escenas de tensión e indignación que se observan en la capital estos días. Todas estas medidas que han sido tomadas desde Carondelet: como la liberalización de los precios de los combustibles, como la política de austeridad que eliminó ministerios y recortó presupuestos, la inoperancia y la corrupción, así como los eternos estados de excepción, la militarización y el populismo penal; son parte de la Doctrina del Shock, que conocemos bien sobre nuestras vidas cada vez más precarias. Pero también es parte del show con el que se hace la política oficialista en el país desde hace la primera masacre carcelaria en febrero de 2021, que también marca el gran signo de la cimentación del narcoestado en el Ecuador.
La espectacularización del cadáver, la muerte, la violencia y la precariedad, se instituyeron desde la pandemia de la Covid 19. Este fenómeno donde los cuerpos o restos humanos, los sicariatos, la violencia explícita y las extrema pobreza se exhiben en las pantallas tanto por medio de las corporaciones de comunicación, como por redes sociales, ha construido una subjetividad específica para este momento histórico. Esto genera un sentido de inseguridad, dolor y angustia en la población, que se mantiene en un estado de indefensión aprendida, donde la sensación de impotencia y pasividad son la regla.
En este mismo sentido se comprende también al toque de queda, que literalmente domestica a la población. Adicionalmente también el gobierno utilizó el toque de queda como medida de control del mercado por la situación con la gasolina, evitando la circulación de vehículos, así como control para evitar un colapso energético, que sabemos llegará.
En definitiva, el Nuevo Ecuador, sin pena ni gloria, se encuentra conduciendo a un país entero hacia un abismo cavado por la propia clase parasitaria: el estatus quo se sostiene únicamente por la violencia interna como política de Estado, además de un sobreendeudamiento crónico e insostenible con el FMI, que se traslada obviamente a la clase trabajadora y a cambio de imponer el más cruento de los imperialismos extractivos. Así es la Banana Republic, un Estado que subastó el futuro de 18 millones a cambio de migajas y una fotito con Trump.