Las cárceles de Ecuador son centros de exterminio I

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Jueves 26 de Marzo de 2026

Entre 600 y 700 Personas Privadas de Libertad han muerto dentro del sistema carcelario del país desde el 2024. Las PPL han sufrido históricamente de procesos de deshumanización, adicionalmente el Estado ecuatoriano les ha sometido a la más cruel brutalidad donde las masacres carcelarias no solo se normalizaron, sino que se justificaron y celebraron, así mismo la enfermedad y el hambre. Las cárceles se han convertido en centros de exterminio y en espacios donde normalizar la extrema violencia y precarización.

En este contexto realicé una serie de entrevistas a Estefanía Garzón -Tiffany- vocera y fundadora de la Organización de Familiares de Personas Privadas de Libertad a nivel nacional. El punto de partida de esta serie de entrevistas es un relato personal. La entrevistada pasa de compartir el sentido común punitivo que reduce a las personas privadas de libertad a enemigos, a cuestionar la estructura social desde su experiencia frente al sistema penitenciario. Este primer diálogo reconstruye ese tránsito, del prejuicio a la empatía, y de la experiencia individual a la organización. A partir de ahí se configura una primera certeza que atraviesa toda la serie: lo que ocurre dentro de las cárceles no coincide con la versión pública que circula fuera de ellas.

Origen de la militancia

EG: Para la opinión pública, los privados de libertad son la escoria del país. Y por ejemplo, yo soy feminista, tengo un niño ya de 17 años, y fui violada, y yo tenía clarísima la idea de que tiene que haber pena de muerte, que tiene que haber, qué sé yo, que les corten y cosas así.

Entonces cuando sané y acepté la realidad, y cuando empiezo a hacer activismo, que para mí empezó el 7 de enero del 2024, ahí cambia todo. Yo llego el 7 de enero a Latacunga, ahí me habían puesto, y empiezo a recibir gente.

Tú ves madres que vienen de lejos, gente de la Costa con blusitas, con shorts, desesperadas, señoras con faldas grandes, desesperadas, viniendo a ver qué está pasando con sus hijos, con sus hijas también en ese entonces. Desde ahí nace el activismo, desde ahí nace nuestra organización, de la necesidad de apoyar a las familias, de saber si están muriendo adentro, de saber qué está pasando en realidad.

Porque lo único que nos muestran es que se amotinaron porque no querían los traslados. Pero hay un trasfondo. La comida no es de ahora, la comida siempre ha sido de muy mala calidad y en porciones muy pequeñas.

RC: Esta denuncia que hubo hace un par de días nomás, donde les dan de comer hasta ratones

EG: Entonces no es algo que sale de hoy, es algo que viene pasando desde hace muchos años, pero con la militarización se ha vuelto más cruel, más sinvergüenza.

Nosotros empezamos a vivir el activismo así. La cárcel de Latacunga por fuera es puro monte, la gasolinera y más monte. Frente a la entrada hay un semáforo y una cabañita, una media agüita donde un señor ni el techo tenía bien puesto.

Yo hablé con el señor para podernos quedar ahí, porque nos quedamos alrededor de 15 personas, entre niños, personas adultas mayores, personas de mi edad y más jovencitas también, pero la gran mayoría mujeres. Esto lo sostenemos más mujeres que varones.

Estábamos durmiendo ahí en esa gasolinera y nos sacan. Nos sacaron con un bus, con ocho patrulleros, con fusiles, nos pusieron el fusil así –de frente- y nos arrearon como a ganado, literal.

RC: Se les criminaliza incluso a ustedes

EG: Venimos sufriendo discriminación: “ah estás aquí, tú también eres delincuente”. Y no es así. Los niños en la escuela, si se enteran de que tu papá está preso o saliste en un videíto, les dicen que tú también eres delincuente. Si eres un niño negro, entonces porque eres negro eres ladrón. Así empieza.

Se ha hecho muy cruel y la ciudadanía lo ve natural. Hoy si te matan o te pegan es normal.

Eso pasó el 10 de enero del 2024

RC: Un día después de que se declare el conflicto armado interno

EG: Nosotros estuvimos desde el 7, por eso queríamos conmemorar esa fecha, aunque otras compas lo sitúan el 15, el 18 o el 20 de enero. Para mí empezó el 7 de enero de 2024.

El 10 nos arrean como un kilómetro y dormimos en un escampado. A la madrugada hablé con el señor y le pedí que nos ayude, y nos dio ese espacio. Incluso la policía desarmaba lo poco que armábamos para cubrirnos de la lluvia. Yo al otro día, bravísima, compré plástico y lo volvimos a poner para poder recibir gente.

Nunca hubo menos de siete personas, a veces quince, veinte, veinticinco, al final quedábamos cuatro o cinco. Yo me cansé de pelear después de tres meses sin solución, porque yo sostenía esto. Entonces dije, la pelea es en Quito, donde están las oficinas, donde está la burguesía.

Yo viví en esa gasolinera. Íbamos, comíamos, a veces medio alquilábamos un hotel para ducharnos, y cuando no, no. Muchas compas estaban sin casa, botadas, y no trabajábamos.

RC: Económicamente tiene que ser difícil eso también, acompañar a un familiar, a un ser querido preso.

EG: Mentalmente es devastador

En las noches nadie podía dormir, todas llorando. Y empezamos a decir, y tú por qué estás aquí. Una señora contó que su hijo, que acababa de cumplir 19 añitos en ese entonces, estaba en el colegio, dejó a una chica de unos 25 años, ella no quiso aceptar, y lo metieron por violación. Él dice que fue drogado. Y sigue preso.

Ahí entendí que yo no podía sostener una postura así sin cuestionar el sistema. No me interesa lo que hicieron en el pasado si ya están pagando una condena. Pero lo que pasa adentro es otra cosa.

Las imágenes de salas vip no representan a toda la población penitenciaria. Y aunque fuera cárcel de oro, sigue siendo cárcel. No es lo mismo ver a tu familia todos los días que una vez al mes, como ahora.

Empezamos a convocar plantones en Latacunga y también en otras ciudades. Si alguien decía mi hijo está en el Turi, yo le decía haz allá lo mismo. Entonces empezamos a tejer red, si yo hago plantón aquí, tú has el mismo día allá.

Hicimos un sinnúmero de plantones, fuimos a la Gobernación, siempre nos recibían con tanquetas y fusiles.

En las madrugadas gritábamos que no estaban solos. Desde adentro gritaban nos violan, auxilio, se oía el eco. Yo me bajaba para grabar y me sacaron con fusil, casi me voy presa. Las compas no me dejaron.

Yo siempre decía, si gritamos 100 no nos pueden meter presas a las 100, pero si gritamos 2, sí.

 

Fotografía: Repositorio Estefanía Garzón